¿Qué nos ocultan los políticos? ¿Cómo toman sus decisiones? ¿Qué sucede en la habitación donde se mueven los hilos? Quizá la inestabilidad política y la polarización de la sociedad, junto a las preguntas anteriores, sean motivos que expliquen la cantidad de thrillers políticos en la televisión. No faltan los ejemplos recientes, desde La diplomática (muchas ganas de ver en octubre cómo continúa) hasta Día Cero, desde Sucesor designado hasta Borgen, o incluso yendo un poco más atrás, House of Cards. Los “líderes del mundo libre” tienen una facilidad pasmosa para verse en las situaciones más rocambolescas.
El último ejemplo lo ha traído esta semana Netflix (curiosamente, todas las mencionadas son o han terminado en la plataforma de la N, experta en saber qué nos tragaremos irremediablemente, aunque en ocasiones reneguemos de ello). Rehén tiene dos buenas protagonistas, las actrices Suranne Jones y Julie Delpy, reclamo suficiente para que prestemos atención. Sus cinco episodios, sin embargo, son un ejemplo perfecto de una serie del montón, de esa hamburguesa de queso gourmet que a la plataforma le gusta tanto ofrecer en su menú: un producto tremendamente comercial con un toque diferencial. Eso sí, como las hamburguesas de queso, un día después es difícil distinguirlas unas de otras.







