‘The Wire’, ‘Los Soprano’, ‘La casa de papel’, ‘Los Durrell’ o ‘The Big Bang Theory’, por citar una pocas, pueden verse cada cierto tiempo porque siempre entretienen o se descubre algo nuevo en ellas

No deja de ser significativo el que el último de los argumentos críticos que esgrime la derecha ante la gestión del Gobierno sea el de “¡váyase, señor Sánc...

hez!”, tan similar al de años antes cuando clamaban “¡váyase, señor González!”. Como razonamiento crítico es elemental y como constante con el paso del tiempo es, cuando menos, inquietante.

Decía el poeta que todo pasa y todo queda y se puede añadir que, al parecer, todo se repite: desde los ya mencionados argumentos al fango de la corrupción y la miseria humana que alcanza a todos, pues, al parecer, el poder corrompe. Claro que corrompería menos si se dejaran aparte la vanidad y los halagos de los arribistas y se tuviera un criterio más riguroso a la hora de elegir a los colaboradores.

Ya lo decía Thomas De Quincey: “Si uno comienza por permitirse un asesinato, pronto no le da importancia a robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del Día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente”. Y mucho me temo que estamos dejando todo o casi todo para el día siguiente, salvo las series de ficción que demuestran su vitalidad y vigencia con una constancia encomiable y que, incluso se permiten el repetirlas hasta la saciedad sin que se subleven las masas. La clave, naturalmente, es la calidad. The Wire, Los Soprano, La casa de papel, Los Durrell o The Big Bang Theory, por citar una pocas, pueden verse cada cierto tiempo porque siempre entretienen o se descubre algo nuevo en ellas. El “¡váyase, señor Sánchez!” es anodino desde la primera vez que se alega.