Mientras una parte importante de España es devastada por numerosos incendios, provocados o no, y los termómetros se salen, los dos principales partidos políticos buscan los razonamientos más elementales para culpabilizar al otro que, al parecer, ya no es un rival electoral y sí un enemigo al que abatir. Es la democracia considerada como una de las malas artes.

Las plataformas televisivas, por su parte, siguen anhelando aumentar su número de suscriptores y, por ejemplo, Apple TV+ ofrece una de las más interesantes series actuales, Smoke, como cebo para su legítima pesca de abonados, una serie sobre un investigador de incendios y una detective que buscan desesperadamente localizar y detener a dos pirómanos que hace tiempo están sembrando el caos en la ciudad.

Naturalmente, tanto el experto en incendios, su superior —el inolvidable Greg Kinnear de Mejor... imposible— y la detective tienen un pasado familiar complejo, sucesos turbios en su currículo que, al parecer, son consustanciales con quienes protagonicen cualquier serie que se precie. Es uno de los numerosos clichés de los guionistas de ficciones, pero de algo hay que vivir. El día en que alguno de los responsables de series consigan que sus protagonistas sean gente anodina, de andar por casa, sin necesidad de arrastrar una mochila sentimental traumática ni una infancia convulsa, ese día la televisión alcanzará la madurez. Como igualmente lo logrará el día en el que alguien que corra al anochecer por un bosque no tropiece y se caiga para satisfacción de su perseguidor.