La cadena logra grandes datos en octubre con una apuesta por nuevos rostros y programas que combinan sucesos con debates y a veces recuerdan en el tono a una Fox News escorada a la izquierda
Celtiberia show está que arde. Delirante, herida, inquieta, desnortada. La continua amenaza de ruptura, la delgada línea de los apoyos parlamentarios al Gobierno, la sensación constante de inestabilidad, la incertidumbre crónica —esa palabra que ya es un lugar común cuando vives en un ay— ha provocado en la galaxia mediática un prietas las filas y una guerra encarnizada a izquier...
da y derecha. Radiotelevisión Española (RTVE) ha entrado de lleno en el frente con La 1, sobre todo. Sus dirigentes han optado por una estrategia de machaque, agitación y barricada. ¿Legítima? Desde la lógica de unos directivos audiovisuales, total. Desde el espacio de un servicio público que deba mantener equilibrios y una equidistancia, dudosa.
Pero el caso es que en esta lucha por el poder todos van a quemar sus naves. En las próximas elecciones nos jugamos mucho y pueden producirse en cualquier momento. Mientras, todo apesta a consigna en los platós privados y públicos entre los que militan en la derecha o se escoran por la izquierda. Desde los despachos queda claro. Entre algunos de quienes dan la cara ante la cámara, también. Javier Ruiz, el último gran fichaje de la cadena pública, lo admitía en EL PAÍS: “Sé que me iré a la calle por salvar mis principios”, decía. Una frase tan clara como cargada de misterio.






