La continua batalla política por controlar la conversación y captar la atención confunde y desvía el foco de lo importante

La política española vivió una aparente tregua hace dos semanas por el accidente de trenes en Adamuz (Córdoba). Como era previsible, se esfumó en cuanto se acababa el luto oficial: “El control del relato ha sido la prioridad del ministro. Les importa más eso que la seguridad de los ciudadanos”, llegó a decir el vicesecretario del PP Juan Bravo solo tres días después del accidente. “Creo que hemos mantenido un silencio respetuoso, como procedía”, apuntó.

Desde ese momento, los populares han utilizado el accidente para tratar de desgastar al Gobierno central pidiendo dimisiones, acusándoles de falta de transparencia o de mentir por sus declaraciones en las primeras horas tras el suceso. El presidente del PP fue incluso más allá y mezcló el accidente con la regularización masiva de inmigrantes del Ejecutivo. “Hasta 46 muertos. Cientos de heridos. Ninguna dimisión. Y la primera respuesta de Sánchez es una regularización masiva para desviar la atención”, tuiteó Alberto Núñez Feijóo.

Hasta 46 muertos. Cientos de heridos. Ninguna dimisión.

Y la primera respuesta de Sánchez es una regularización masiva para desviar la atención, aumentar el efecto llamada y desbordar nuestros servicios públicos.