Las dos series de Netflix reflejan mundos opuestos: el glamur y la buena educación la primera y los barracones y el autoritarismo la segunda
Son dos series que reflejan mundos opuestos. El lujo, el glamur, la buena educación y las localizaciones impresionantes dominan el ambiente en el que se desenvuelven los protagonistas de la tercera temporada de La diplomática. El barro, los barracones y el autoritarismo impregnan la vida cotidiana de los personajes de Reclutas (ambas en Netflix)....
El arranque de la nueva entrega de la primera es espectacular, con un ritmo frenético en el que la moviola es la reina de la casa y que recuerda a series tan extraordinarias como El ala oeste de la Casa Blanca, en la que trabajaron algunos de los protagonistas de la que ahora comentamos, o House of Cards. La simple referencia de esos dos títulos da cumplida cuenta de la calidad de La diplomática, la historia de los entresijos de la alta política anglo-estadounidense en tiempos de crisis y con un excelente reparto en el que Keri Russell vuelve a ser el epicentro de la trama muy bien apoyada por Rufus Sewell, una sobria Allison Janney —una vicepresidenta de los Estados Unidos que accede inesperadamente a la presidencia y que, naturalmente, nada tiene que ver con el patán que la ocupa en la actualidad—, Bradley Whitford —un cínico y encantador marido de la presidenta— y un estupendo Rory Kinnear como primer ministro británico. Hablamos, probablemente, de una de las mejores series que ha ofrecido Netflix en los últimos meses.







