Al decir arroz con leche, se imagina de inmediato el asturiano, sin dudarlo. Es buenísimo. Cremoso, denso, pero no pastoso en absoluto, dulce, pero no empalagoso, aún cuando a veces se termina con una lámina finísima de azúcar quemada por encima. Es quizá el dulce más típico o más conocido de Asturias, junto con los carbayones de Oviedo y los frixuelos. No siempre fue así y es interesante conocer cómo llegó este postre al Principado cuando en su territorio es imposible el cultivo del arroz, mientras la leche de vaca sí es uno de sus productos emblemáticos.

Hay otra región en la Tierra donde la leche de vaca es también un producto característico de la alimentación de sus habitantes desde hace siglos, el valle del Indo, lo que hoy es Pakistán. En otros lugares, los lácteos están en la base de su dieta, pero en este valle del occidente de la península india se producen, desde hace milenios, dos cultivos imprescindibles para la elaboración de este postre, el arroz y la caña de azúcar.

El avance del cultivo de este arroz, de grano largo y variedad botánica Índica, de esta región hacia el occidente asiático, europeo y africano fue muy lento pues exigía grandes cantidades de agua sin estancar del todo y, además, las inundaciones del terreno de siembra llevaban consigo el peligro del paludismo, aunque luego se drenaran para la recogida de la mies. Tanto es así que, mientras se supone, con argumentos consistentes, que en esta región asiática el cultivo de este cereal tiene más de 3000 años de antigüedad por lo menos, hasta finales del primer milenio de nuestra era no hay constancia de que se sembrara en Mesopotamia. Los hispanoárabes importaban arroz de grano largo del oriente mediterráneo dada la dificultad climática de cultivarlo en la península.