El veraneo también se vive tierra adentro. Es volver al lugar de origen, dejarse llevar por un baño en ríos que corren fríos, en lagos que guardan por la noche el reflejo de la luna y las noches estrelladas, en embalses y piscinas naturales. Es echar la tarde en partidas de cartas bajo la parra del bar de la plaza, improvisar charlas a la fresca en las antojanas y dejar que la noche discurra sin mirar el reloj. Es también momento de disfrutar de un buen asado, de pimientos socarrados, de tomates recién cogidos de la huerta, de chacinas que se acompañan con pan recién hecho y de rosquillas que esperan en la última panadería del pueblo, o de un vino de la zona.
También es momento de dejar la mesa de casa y salir a descubrir restaurantes donde se reconocen los sabores. Reconocidos cocineros del interior de España comparten para EL PAÍS sus rincones favoritos.






