El viento en contra de la guerra arancelaria desatada en toda su potencia durante el segundo trimestre del año frena en seco al motor europeo, algo que no es de extrañar teniendo en cuenta que los coches son uno de los productos que soportan un arancel especial en Estados Unidos y que también son objeto de un gravamen extra en la UE cuando proceden de China. Desde el pasado 3 de abril, EE UU les aplica un 25% de tarifa adicional, en el caso de Bruselas, la carga es de hasta un 45% cuando es un coche eléctrico procedente del gigante asiático. Entre tanto, una de las víctimas de este tira y afloja comercial sobre ruedas es la marca española Seat.

Seat, que aglutina bajo su paraguas a los propios coches Seat y a la marca Cupra, cerró el primer semestre del año con un beneficio operativo de 38 millones, lo que supone un 90,6% menos que hace un año, cuando se situó en 406 millones. Más que por culpa de las tarifas impuestas desde la Casa Blanca, la empresa achaca este paso atrás a factores como el impacto de los aranceles europeos impuestos al vehículo Cupra Tavascan, que produce en China.

Según se desprende de las cuentas de Volkswagen (VW) hasta junio, divulgadas este viernes, los aranceles continúan penalizando la rentabilidad de Seat, que también se vio afectada por otros elementos adversos como el aumento de costes de materiales o la mayor competencia en mercados clave, en un entorno en el que la irrupción del coche eléctrico se desarrolla a distintas velocidades, con el mercado chino apostando fuerte, y a precios más ajustados, para imponer sus modelos.