No hace falta tener coche para saber que los tiempos no corren a favor de las compañías automovilísticas. Un cóctel de factores adversos se ceba con el sector, que afronta la dura competencia china, el reto del coche eléctrico, la caída de las ventas y el golpe de los aranceles de Donald Trump. Las cotizaciones de las compañías automovilísticas reflejan la dureza del entorno actual y el sector del motor es uno de los más castigados en Bolsa en Europa, con un retroceso en el año que deja derrumbes de más del 30% para Stellantis, del 26% para Porsche y del 17% en Renault. En EE UU, epicentro del azote arancelario que atormenta al sector, General Motors se deja el 10% este año y Tesla se hunde más del 20%, ya sin el impulso bursátil que supuso la amistad, ahora rota, entre Elon Musk y Donald Trump.

Los fabricantes de automóviles no aparecen entre los sectores predilectos de los analistas, aunque sí haya quienes siguen confiando en el potencial de empresas que ahora se han quedado baratas a la espera de que amainen los vientos en contra. Incluso en el difícil contexto actual hay compañías ganadoras o, al menos, mejor posicionadas. Las automovilísticas tienen ahora en contra su fuerte condición de valores cíclicos, muy sujetos al momento económico y a la demanda de los consumidores. Y la economía global se asoma a una guerra comercial, todavía de una intensidad desconocida, que promete una desaceleración del crecimiento -cuando no una contracción en el escenario más negativo- y que tiene a las automovilísticas en la primera línea del frente. Solo las compañías que fabrican en EE UU la gran parte de su producción, como es el caso de Ford, o las que están enfocadas en el mercado del lujo, como Ferrari, logran sortear de forma más airosa las adversidades que afronta el sector. Así, Ford sube en el año en Bolsa el 7% y la italiana Ferrari, cede casi el 4%.