Hay una casa en Madrid a la que llaman, coloquialmente, Guantánamo, dentro de la red de casas de acogida. Tiene el aspecto de una casa por fuera, habitaciones, baños, salones... pero es “una cárcel” por dentro, según los testimonios de sus vulnerables inquilinas y de un buen número de trabajadoras y educadoras sociales, que la Fiscalía ha puesto ahora en manos de un juzgado de Arganda del Rey para que depure responsabilidades si lo considera oportuno.
Se trata de un lugar secreto, que no debe de ser desvelado por motivos de seguridad. Un refugio por un máximo de tiempo de un año para 22 personas: mujeres que huyeron de la violencia de sus parejas con sus hijos. Sin embargo, leyendo y escuchando sus relatos anónimos... “Nos amenazan constantemente con expulsarnos”, “nos insultan”, “nos ponen motes despectivos”, “nos cuestionan como madres”, “nos enfrentan entre nosotras”, “si llegas cinco minutos tarde, amonestación”, “si no has puesto la hora en la que has fregado el suelo, amonestación”, ”si no te comes la comida, amonestación”, “si te quejas por algo, venganza...”, “Si no vas a una actividad...”, recogidos por la Casa de las Mujeres de Vallekas, cualquiera entiende el sobrenombre que le dan a ese lugar que dirige desde hace diez años con puño de hierro la psicóloga Patricia Horcajo. “Si me disculpa, me voy a acoger a mi derecho a no declarar”, contesta por teléfono, al ser preguntada por el asunto.






