La Policía Nacional desmantela un prostíbulo en un adosado en el que 18 mujeres vivían hacinadas en un sótano y eran controladas hasta cuando dormían

En el sótano de ese chalet de Móstoles nunca se apagaba la luz. El control no acababa jamás. Las 18 mujeres que vivían hacinadas en esa estancia eran monitorizadas cuando se lavaban, cuando comían y cuando dormían. Y, por supuesto, cuando eran explotadas sexualmente. Para garantizar que nunca se escapaban al ojo de sus captores, estaba prohibido apagar la luz del sótano, en el que se acumulaban las literas, para garantizar que tenían el máximo número de mujeres posibles. El narcoprostíbulo se anunciaba en páginas especializadas de explotación sexual.

En octubre, una mujer que acudió a ser atendida al hospital universitario de Villalba, al norte de la Comunidad de Madrid. Allí pidió ayuda a los médicos porque aseguró ser víctima de explotación sexual. Dos agentes de la policía nacional fueron a tomarle declaración. Ella les contó el maltrato al que había sido sometida desde que llegó a España y del que le era imposible escapar.

Los agentes comenzaron a tirar del hilo para recopilar pruebas con las que un juez les permitiera entrar en ese chalé y desmantelar el negocio consistente en aprovecharse de la vulnerabilidad de las mujeres. “Pensábamos encontrar entre 15 y 25 mujeres, no teníamos claro cuántas podía haber porque el número varía mucho. Las diferentes organizaciones las van moviendo de un lugar a otro”, explica el subinspector de la Brigada Central de trata de seres humanos de la Comisaría General de Extranjería que ha trabajado en la investigación.