La policía catalana desarticula una organización con víctimas en viviendas de Barcelona y París, y más de 70 anuncios ‘online’

Hace más de una década, la explotación sexual era un problema político de primera línea: las mujeres vendían sus servicios en las carreteras, a la vista de todo el mundo. Con la pandemia, la mayoría desapareció de las calles y fueron encerradas en domicilios. Sin sus cuerpos semidesnudos ofreciéndose en cada arcén, la realidad se esfumó también de la agenda política. “Los pisos prostíbulo son las nuevas jaulas abiertas, con cámaras que las vigilan 24 horas al día”, lamenta el subinspector Lluís Moreno, jefe de la unidad central de tráfico de seres humanos de los Mossos d’Esquadra. Las mujeres siguen siendo traficadas, pero en entornos invisibles y prácticamente inaccesibles para los policías.

Si antes los investigadores podían acercarse a las mujeres en las carreteras, ahora necesitan que alguien dé la voz de alarma, como ha ocurrido en la última investigación de los Mossos, que ha permitido desarticular una red con pisos en Barcelona y París, y unos 70 anuncios online para servicios a domicilio. Una trabajadora les puso sobre la pista. La detenida, una mujer latina de unos 30 años y sin antecedentes, sometía a mujeres en horarios de 24 horas al día, siete días a la semana. Las captaron en la calle, en Madrid, donde ya se prostituían. “Les ofrecieron un piso más controlado, un sueldo mejor, un mejor horario… Pero era mentira. Es un engaño parcial”, detalla Moreno sobre la jurisprudencia, que ya considera un delito explotar a mujeres que sabían que iban a prostituirse, pero no en esas condiciones.