El Ejecutivo homenajea a 53 supervivientes de esta institución franquista que perduró hasta 1985 y donde las antiguas internas han denunciado suicidios, torturas y robo de bebés

Encerradas sin haber cometido delito alguno. Clasificadas como “enteras” o “incompletas”, según el resultado de una prueba de virginidad a la que no podían negarse. Sometidas a continuas vejaciones, como hacer cruces en el suelo con la lengua; castigadas en celdas de aislamiento en las que ni siquiera podían ponerse de pie. Enviadas al psiquiátrico y sometidas a electroshock si se sentían atraídas por personas de su mismo sexo; coaccionadas y forzadas a dar sus hijos en adopción; obligadas a trabajar durante horas sin recibir sueldo alguno... Esa es la memoria sepultada durante décadas de las supervivientes del Patronato de Protección a la Mujer, una institución franquista creada en 1941 para, según figura en el decreto del Boletín Oficial del Estado, “apartarlas del vicio y educarlas con arreglo a las enseñanzas de la religión católica” y que, “incomprensiblemente”, como ha admitido este viernes el ministro de Justicia, Félix Bolaños, en una declaración enviada al acto para homenajear a 53 de ellas, “perduró más allá democracia”, hasta 1985.