“La canción que más suena es ‘corrupción, corrupción, corrupción”, aleccionaba estos días a los oyentes de Spotify un anuncio que publicitaba la manifestación del PP bajo el lema “mafia o democracia”. Sin duda, esa ha sido la melodía omnipresente desde hace más de un año en el Congreso, en las tertulias políticas y en buena parte del universo digital informativo (o seudoinformativo). Fuera de ahí, resulta más que dudoso que la machacona canción haya constituido un bombazo. Según el último barómetro del CIS —con datos que, al contrario que sus estimaciones de voto, la mayoría de expertos considera fiables—, el epígrafe “la corrupción y el fraude” ocupa el puesto 13º en la clasificación de preocupaciones ciudadanas, encabezada por la vivienda.
Solo el 7% de los encuestados por el instituto público cita la corrupción como uno de los tres principales problemas del país. La cifra está más de cinco puntos por debajo del 12,3% de marzo de 2024, cuando estalló el caso Koldo. Desde entonces —y a la espera del impacto del episodio de Leire Díez— se ha colocado en niveles poco significativos. Incluso en momentos como la comparecencia judicial en calidad de imputada de la esposa del presidente, en julio del pasado año, no alcanzó más del 6,4%. Sin comparación con el astronómico 39,2% de junio de 2018, tras la sentencia del caso Gürtel y la moción de censura contra Mariano Rajoy. Entonces era el segundo problema más citado en las encuestas.






