Los populares señalan que es “prehistoria” y no afecta a Feijóo, pero el caso limita la corrupción como estrategia de oposición

Cuando estaba su momento más bajo en el liderazgo del PP, el que empezó a hundirle, tras un resultado pésimo en las elecciones catalanas de 2021 —fue el octavo partido, superado por Vox y Ciudadanos— Pablo Casado jugó a la desesperada:

rget="_self" rel="" title="https://elpais.com/espana/2021-02-16/el-pp-abandonara-su-sede-nacional-en-la-calle-genova.html" data-link-track-dtm="">intentó vender la sede central en la calle Génova, manchada por la corrupción. Por esos días, Casado se quejaba amargamente a quien quería escucharle: “yo sabía que me tenía que comer el caso Gürtel, eso estaba ahí cuando yo gané el Congreso, pero nadie me avisó de que además me tendría que comer la Kitchen. Eso es nuevo, nadie nos dijo que había eso en el armario”. En ese momento, fue Alberto Núñez Feijóo, entonces presidente de Galicia, uno de los que más claramente se opuso a la venta de la sede. No era por ahí, decía Feijóo. Había que aguantar el tirón.

Cinco años después, el caso Kitchen vuelve a asomar al PP al agujero negro que provocó la moción de censura de 2018 y que le sacó del poder, al que aún no ha conseguido volver, aunque ahora tiene la mayoría de las autonomías y casi todos los ayuntamientos importantes.