El café ya no se toma: su evolución y, especialmente, las nuevas formas de prepararlo lo han convertido en una oportunidad para saborear con detenimiento. Que Marcos González, considerado mejor barista de España según el certamen de la SCA (Specialty Coffee Association), dijera en marzo que su abuela dejó el café torrefacto y se ha aficionado al de especialidad, evidencia que, más que un gusto de modernos y sibaritas, las nuevas formas de producir y tomar esta bebida están ya asentadas. Un apunte para no los muy cafeteros: el distintivo de especialidad se logra con una puntuación de al menos 80 en una escala creada precisamente por la SCA, en la que se revisan acidez, cuerpo o fragancia. Muy lejos del torrefacto, que se tuesta con azúcar.

Este gusto por el buen café ha transformado el momento de taza de los españoles en toda una experiencia, y la buscan tanto en su casa como en la hostelería, apunta Lucía Pascual (56 años, Falces, Navarra), responsable de Calidad, I+D y Sistemas de Gestión en el Tostadero de Mocay (Grupo Pascual), ubicado en la localidad navarra de Tajonar. “Eso nos beneficia como marca de excelencia, porque los consumidores nos valoran más y entienden lo que hacemos”, apostilla.