La tierra volvió a temblar cerca de nuestro país. Esta vez le tocó a nuestros hermanos colombianos y es inevitable hacernos la pregunta que siempre evitamos en nuestra capital con algo de resignación: ¿estamos verdaderamente preparados para el gran sismo que venimos esperando? Como arquitecto y urbanista, la respuesta objetiva es contundente y dolorosa: no, no lo estamos. Y el problema no radica únicamente en la inestabilidad de algunos suelos o en la calidad de nuestras construcciones, sino en una vulnerabilidad mucho más profunda y silenciosa: la falta de memoria sísmica y la desconexión cultural con la prevención.

CamAcero advierte sobre los riesgos asociados al desprendimiento de elementos no estructurales.

En Colombia muchos edificios tienen muros de hormigón delgados, normalmente de entre 7 y 10 centímetros de espesor.