Cabe una posibilidad, un riesgo, un peligro que no estamos considerando, algo peor que las nubes, las aglomeraciones o los atascos: que el eclipse nos decepcione. Que no sea para tanto. Que nos quedemos igual. No porque no sea único, especial, bellísimo y asombroso; sino porque es imposible que esté a la altura de las descomunales expectativas creadas

Cada eclipse ha sido una oportunidad para poner a prueba teorías, descubrir nuevos fenómenos y, a veces, para equivocarse con grandeza

El alojamiento, el lugar desde el que observarlo, el tráfico, la orientación del horizonte o incluso las nubes pueden marcar la diferencia entre vivir el eclipse del siglo o…