Xavier Col�s EstocolmoActualizado S�bado,
septiembre
22:52Suecia afronta las elecciones de este domingo con una clara victoria ideol�gica de la derecha. Seg�n los sondeos, la coalici�n conservadora puede tener problemas para rentabilizar la mejora de la econom�a y de la seguridad ciudadana y los socialdem�cratas pueden volver al Gobierno. Pero las pol�ticas restrictivas sobre la inmigraci�n abanderadas por los Dem�cratas de Suecia -el poderoso partido de ultraderecha que sostiene al Gobierno- se quedar�n en su sitio. El primer ministro, Ulf Kristersson, busca un segundo mandato de cuatro a�os al frente de pa�s, que es el miembro m�s reciente de la OTAN. M�s de ocho millones de personas en una naci�n de aproximadamente 10,6 millones de habitantes tienen derecho a votar en las elecciones para el parlamento de Estocolmo, el Riksdag. Existen dos grandes bloques pol�ticos: uno con cuatro partidos de derecha y otro con cuatro de izquierda. As� que cada candidato depende de que a sus compa�eros de coalici�n no les reste votos el otro bando o la temida abstenci�n.Mientras en EEUU Donald Trump lograba mayor�as con la idea de Make Am�rica Great Again, entre los suecos hace tiempo que flota una nostalgia de una Suecia m�s peque�a. Desde 2000, el pa�s ha ganado unos 1,7 millones de habitantes, hasta alcanzar los 10,6 millones en 2025. En unos a�os los nacidos en el extranjero han pasado de representar el 11,3% al 20,8%, pero casi dos tercios de estos �ltimos tienen ciudadan�a sueca. En el aire hay una discusi�n sobre qui�n pertenece al pa�s, y ese delicado debate afecta a muchos ciudadanos plenamente suecos.La dureza frente a la inmigraci�n se ha extendido desde los Dem�cratas de Suecia -la poderosa extrema derecha que sostiene al Ejecutivo- hasta la socialdemocracia que aspira a relevarlo. "Tanto los socialdem�cratas como los conservadores han perdido votos" en favor de los radicales de Dem�cratas de Suecia "y han ajustado sus posiciones para intentar recuperarlos, pero no lo han conseguido. Dem�cratas de Suecia ha aumentado su porcentaje de voto en las �ltimas elecciones y sus pol�ticas se han normalizado. Es la nueva normalidad, tambi�n en muchos otros pa�ses n�rdicos", explica Ann-Cathrine Jungar, profesora de Ciencia Pol�tica en la Universidad de S�dert�rn.El debate gira cada vez m�s alrededor de cu�nto exigir a quienes llegan y qu� condiciones imponerles para quedarse. Los nacionalistas han logrado que buena parte de sus prioridades se conviertan en propuestas de sus adversarios. "Al estudiar las pol�ticas migratorias de Suecia, Finlandia, Noruega y Dinamarca, hemos visto que, cada vez que un partido de derecha radical populista apoyaba a un Gobierno, se produc�a un giro hacia pol�ticas m�s restrictivas en asilo, reagrupaci�n familiar e inmigraci�n laboral. Pero cuando cambiaba el Gobierno, no hab�a vuelta atr�s: esas pol�ticas se manten�an", a�ade.La derecha radical sueca todav�a no ha tenido carteras ministeriales, pero ha alcanzado un logro mayor: sin dejar de ser el extremo, ocupar el centro del debate pol�tico. "Hace 10 a�os los Dem�cratas de Suecia eran anatema, hab�a campa�as en redes sociales para que si ten�as un amigo que votase a la extrema derecha cortases relaciones con �l, y hoy la corriente pol�tica principal ha adoptado un trozo de su programa sobre inmigraci�n", explica Mattias, joven profesional de la banca residente en el centro de Estocolmo.31.000 euros para que vuelvan a sus pa�sesMagdalena Andersson, candidata socialdem�crata, defiende una pol�tica migratoria restrictiva y mantendr�a buena parte de las reformas de esta legislatura. Su partido y los centristas apoyaron el endurecimiento de las condiciones de ciudadan�a, mientras la izquierda y los verdes votaron en contra: hoy las diferencias persisten en los l�mites y las garant�as, dentro de un Parlamento ampliamente favorable a elevar las exigencias. Ahora la derecha busca distinguirse llevando m�s lejos ese giro: desde enero ofrece hasta 350.000 coronas (unos 31.000 euros) a determinados residentes extranjeros que regresen voluntariamente a sus pa�ses. "Incluso representantes de los partidos del Gobierno se han opuesto porque dicen que necesitamos a esas personas. Trabajan en la sanidad, en las escuelas y en distintas partes de nuestra sociedad, y queremos que se queden", corrobora la profesora Jungar.El primer ministro, Ulf Kristersson, necesita convertir sus buenos resultados en votos. Los tiroteos de las bandas, un problema que sobrecogi� al pa�s estos a�os, han descendido claramente. Y en el cap�tulo de la econom�a, el Gobierno elev� en agosto su previsi�n de crecimiento para 2026 al 2,5% y reivindica el alivio de la inflaci�n y sus rebajas fiscales. Aun as�, el encarecimiento acumulado de la vida sigue pesando sobre los hogares, especialmente los de menores ingresos: la recuperaci�n de los indicadores convive con el malestar cotidiano, y los conservadores no han conseguido despegar. Ah� encuentra espacio Andersson, porque ahora la sanidad encabeza las preocupaciones electorales y la atenci�n a los mayores supera a la inmigraci�n.La oposici�n ofrece reforzar el bienestar mientras conserva buena parte del giro migratorio, y casi tocan el poder con los dedos: en el sondeo de Novus del 9 de septiembre, sus cuatro partidos sumaban el 50,7%, frente al 48,1% del bloque gubernamental. Es una ventaja estrecha para una alternativa que todav�a debe acordar c�mo gobernar: "La coalici�n de derecha tiene un programa com�n, pero en la de izquierda hay desacuerdos sobre econom�a, OTAN o inmigraci�n que pueden salir a la luz una vez que est�n en el poder", explica un analista del ministerio de Defensa."Para muchos pa�ses seguimos siendo una referencia socialdem�crata, pero el pa�s ha cambiado mucho hacia un capitalismo m�s pronunciado", apunta Mattias. La transformaci�n del bienestar arranc� durante la crisis de los noventa, con privatizaciones, recortes y gesti�n orientada al mercado. Hoy la tradici�n igualitaria convive con una elevada concentraci�n de riqueza. La abolici�n del impuesto de sucesiones se pact� en 2004 entre socialdem�cratas, Izquierda y Verdes... y el impuesto sobre el patrimonio desapareci� ya en 2007. Suecia tiene 51 fortunas superiores a 1.000 millones de d�lares, frente a 53 en Francia: una sociedad orgullosa de sus servicios colectivos lleva d�cadas facilitando la acumulaci�n y transmisi�n de riqueza privada.En educaci�n, la reforma de 1992 abri� la financiaci�n p�blica a centros privados. A�os despu�s, la OCDE document� una creciente segregaci�n escolar. La historiadora Jenny Andersson relaciona el deterioro social con aquellas reformas y con el posterior impacto de la pandemia y la inflaci�n: un proceso largo, con causas que se acumularon. Hoy, el 64% de los electores sit�a la sanidad entre sus principales preocupaciones. Para muchos inmigrantes, la precariedad se combina con condiciones m�s exigentes de residencia y ciudadan�a.M�dicos y enfermeros inmigrantesEl Gobierno ha elevado tambi�n el salario requerido para obtener permisos de trabajo, una presi�n que alcanza a empleados necesarios para sostener el bienestar: los nacidos fuera representan el 22% de las plantillas municipales y el 16% de las regionales, personas que hacen funcionar las escuelas, cuidados y sanidad. "Nuestro sistema de bienestar y nuestra sanidad dependen en gran medida de m�dicos y enfermeros inmigrantes. Suecia no podr�a desenvolverse sin los trabajadores sanitarios inmigrantes y, aun as�, se habla de los inmigrantes como si no pertenecieran a este pa�s y como si le fuera a ir mejor sin ellos", recuerda Selma Ibrahim, presidenta de la Asociaci�n de M�dicos Suecos Somal�es."Desde las elecciones de 2014, la inmigraci�n y la delincuencia hab�an estado entre los asuntos m�s importantes para decidir el voto. En estas elecciones estamos volviendo a una pol�tica n�rdica m�s tradicional, en la que pesan m�s las cuestiones socioecon�micas, como la sanidad, la educaci�n y el bienestar. Eso no parece afectar al apoyo a Dem�cratas de Suecia, que ronda el 20%, con variaciones seg�n la encuesta", explica la profesora Jungar. La mayor�a actual arrastra una distribuci�n desigual del poder y del desgaste. Moderados, democristianos y liberales ocupan los ministerios; los Dem�cratas de Suecia condicionan desde el Parlamento las decisiones que permiten sostenerlos. As� es como el extremista Jimmie �kesson ha podido imponer prioridades y exhibir distancia frente a la gesti�n diaria. El Ejecutivo asume la responsabilidad administrativa y su socio externo conserva margen para exigir m�s dureza. El primer ministro Kristersson propone ahora incorporar a la extrema derecha al gabinete si su bloque gana: ser�a el siguiente paso de una alianza que ha normalizado su influencia.Como partido derechista tienen similitudes y diferencias con Vox. "Vox es m�s radical y m�s conservador en valores familiares y sociales, dir�a yo. Dem�cratas de Suecia se ha adaptado al contexto n�rdico y al hecho de que Suecia es un pa�s secular: no se opone al aborto, acepta el matrimonio entre personas del mismo sexo y apoya el modelo socioecon�mico sueco que facilita la vida familiar, conservando una visi�n tradicional de la familia, en menor medida que antes". Incluso evitan cuestionar el sistema de atenci�n sanitaria y educativa, aunque lo defienden con sus propios matices: "Son chovinistas del bienestar, porque el Estado del bienestar ha formado parte de su discurso desde el principio. Apoyan el modelo sueco, pero quieren que se d� prioridad a sus propios ciudadanos, a los mayores y a las familias", dice Jungar.Andersson, la jefa de la oposici�n, afronta otro problema m�s all� de las contradicciones migratorias: convertir cuatro partidos en una mayor�a operativa. A los socialdem�cratas se sumar�an los verdes, el Centro liberal y el Partido de la Izquierda, de ra�ces comunistas. Entre ellos hay profundas diferencias sobre impuestos y energ�a. La Izquierda exige ministerios y el encaje con los m�s centristas sigue pendiente. El rechazo compartido a la extrema derecha ofrece un punto de encuentro, pero el programa com�n queda pendiente para la negociaci�n.Tambi�n pesan sus distintas tradiciones de seguridad. Andersson impuls� la solicitud de ingreso en la OTAN en medio del shock por la invasi�n a gran escala de Ucrania. Parte de la Izquierda combati� esa adhesi�n y hoy centra sus exigencias de soberan�a militar en cuestiones como prohibir las armas nucleares y las bases extranjeras permanentes en Suecia. En todos los �mbitos la historia est� empujando la particular Suecia a ser como todos los dem�s.










