0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialLa crisis de Ceuta se está convirtiendo en una pesadilla para el Gobierno de Pedro Sánchez. El Ejecutivo parece que esté en un pantanal de arenas movedizas en el que contra más se mueve, más parece engullirse hacia abajo. Necesita encontrar una solución para salir del barro o el caos acabará por devorarlo.La historia empezó mal por la falta de previsión de los servicios de inteligencia de no detectar a tiempo la invasión de los migrantes. La desclasificación que se ha hecho esta semana de los diferentes materiales que habían elaborado los diferentes equipos de seguridad aún los ha puesto más en evidencia. Era una decisión arriesgada en bien de la transparencia, pero el resultado no ha sido el mejor para el Gobierno. Porque, si no se nos ha ocultado información, no parece lo más serio que el aviso formal del CNI sea solo a través de un watsap a un jefe de gabinete de un delegado de Gobierno. Y así lo destacamos en nuestra portada del jueves.Chabolas quemadas a la entrada de las naves del TarajalJoaquín VeraAhora este funcionario ha presentado la dimisión porque su versión y la de su jefe no coinciden. El delegado dice que su jefe de gabinete no le avisó de este mensaje. No sabemos tampoco si el agente del CNI se limitó a enviar este simple watsap o elevó la información a la jefatura de su servicio de inteligencia, lo que permitiría que más gente tuviera conocimiento de la crisis que se avecinaba.Pero aparte de estos evidentes errores de conexión, el Gobierno está tardando más tiempo del necesario para poner orden en el caos de Ceuta y evitar que se produzcan altercados en la ciudad autónoma. Se acusa al presidente ceutí, Juan Jesús Vivas, de dificultar la búsqueda de espacios para ubicar a los migrantes y también de agitar a la población. En todo caso, el Ejecutivo no puede estar a expensas de ello y tiene capacidad normativa y jurídica para aplicar sus decisiones. Al final ha impuesto la ubicación de un campamento improvisado en el puerto de Ceuta, ante la dilación en encontrar espacios alternativos, pero ha tardado cinco semanas en hacerlo.Los días pasan y Ceuta sigue siendo un polvorín por el hacinamiento de los migrantes. Ayer mismo unas 40 chabolas quedaron calcinadas por un incendio fortuito. El desgaste del Gobierno es cada día mayor y la solución no parece cercana.Director de La Vanguardia desde marzo de 2020. Ha trabajado como redactor en las secciones de Política, Sociedad y Ciudades de La Vanguardia, donde entró en 1992