El 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos vivió uno de los peores ataques terroristas de la historia. Dos aviones comerciales secuestrados chocaron con las míticas Torres Gemelas provocando una de las imágenes más escalofriantes de Nueva York. En una de ellas, la Torre Sur del World Trade Center, se encontraba trabajando Ron DiFrancesco, un canadiense que se convirtió en la última persona rescatada con vida, no sin antes cruzar un escenario de caos y humo, pero también de una voz nítida que no procedía de ninguna persona pero que consiguió sacarle de allí.Este hecho es la definición de lo que se conoce como el Síndrome del Tercer Hombre o sensación de presencia, una alteración perceptiva que lleva años de investigaciones científicas tras conocerse casos en personas que han sido sometidas a condiciones extremas y en la que el principal protagonista podría ser el cerebro. Ahora bien, esto no significa que sea ni haya una patología que la provoque. Más bien significarían fenómenos transitorios no patológicos asociados a un estrés extremo. ¿Qué dice la literatura científica?Así actuaría el cerebro en el 'Síndrome del Tercer Hombre'"Cuando estábamos a punto de perder el conocimiento, una voz me llamó y, básicamente, me dijo: 'Levántate y ven por aquí'. Le hice caso y seguí aquella voz a través del humo. Cuando me desorienté y ya no encontraba el camino, empujé con fuerza. Y había una placa de cartón yeso que ocultaba la escalera que descendía. Me deslicé apoyándome en esa placa y luego atravesé corriendo tres tramos de escaleras envueltos en llamas", cuenta DiFrancesco en una entrevista para 20minutos.El canadiense asegura que una voz nítida y calmada le dirigía. Las investigaciones hasta ahora realizadas relacionan este tipo de hechos con el comportamiento del cerebro humano. La neurociencia explica que la actividad cerebral construye una representación del cuerpo y del entorno. Cuando las señales que se reciben a través de los sentidos o en relación al movimiento son confusas, la interpretación puede ser errónea.