Las Torres Gemelas bajo el ataque terrorista aquella mañana del 11 de septiembre de 2001 (AFP)El 11 de septiembre de 2001, poco después de las 8 de la mañana, bajo un cielo celeste y sin una nube, Nueva York no sabía que estaba a punto de ser atacada. En los pisos altos de las Torres Gemelas, empleados y clientes iniciaban su jornada, sin imaginar que algunas decisiones tomadas por cuestión de minutos podían ser determinantes entre la vida y la muerte. Veinticinco años después, sus relatos reconstruyen el horror vivido aquella mañana, y las circunstancias, a veces inexplicables, que les permitieron sobrevivir.Stanley Praimnath y Brian Clark fueron dos de las cuatro personas que se sabe que sobrevivieron después de quedar por encima de las zonas de impacto de las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001. Lograron salir con vida después de descender 1620 escalones desde el piso 81 de la Torre Sur, alcanzada por el vuelo 175 de United Airlines.PUBLICIDADLa decisión crucial llegó en el piso 81: mientras algunos optaron por subir, convencidos de que allí estarían más seguros, Clark decidió bajar y Praimnath confió en él. Aquella mañana de cielo diáfano, Clark, canadiense, había llegado a las 7.15 a su oficina del piso 84, donde era vicepresidente ejecutivo de Euro Brokers. Praimnath, guyanés, ocupó su escritorio en el piso 81, donde trabajaba como oficial de crédito del Fuji Bank.PUBLICIDADA las 8.46, el impacto del vuelo 11 de American Airlines contra la Torre Norte rompió el silencio con un sonido ensordecedor. Clark recordó: “Las luces sobre mí parpadearon; giré en mi silla y, por el rabillo del ojo, vi llamas tras la ventana. Fue algo surrealista. Dos o tres segundos después, las llamas se disiparon y el aire se llenó de papeles chamuscados”.Brian Clark esuchó una voz pedír ayuda cuando llegó al piso 81 y rescató a Stanley Praimnath (Captura de video)El ejecutivo era además voluntario responsable de su piso en emergencias. Tomó una linterna marcada como equipo de seguridad contra incendios del WTC y condujo de inmediato a su grupo hacia el corredor central.PUBLICIDADLa historia de ambos fue reconstruida en distintas oportunidades a partir de sus propios testimonios. En una reciente entrevista con The Guardian, ambos volvieron a recordar aquella mañana en la que, sin conocerse, salvaron juntos sus vidas.Mientras que en los medios reinaba la confusión y se hablaba de un “terrible accidente”, Praimnath hablaba por teléfono con un colega de Chicago que estaba viendo todo por la televisión y le rogaba que saliera de ahí ya. Entonces, miró hacia afuera y vio acercarse otro avión, tan cerca que pudo leer la letra U en la cola.PUBLICIDADRecordó que los aviones solían pasar a una distancia de entre 800 y 1.600 metros, pero ese estaba demasiado cerca. “Este avión venía directo hacia mí. Crucé la mirada con él. Solté el teléfono, grité y dije: ‘Señor, no puedo con esto. Toma tú el control´. No sé por qué dije eso, pero gracias a Dios que lo dije”.El vuelo 175 de United Airlines impactó la Torre Sur a las 9.03, 17 minutos después del primer ataque. Entró en diagonal y atravesó los pisos 77 al 85, justo donde estaban las oficinas del Fuji Bank, con 40 mil litros de combustible y a 870 km por hora.PUBLICIDADPraimnath se refugió debajo de su escritorio en posición fetal, mientras rezaba y caían lágrimas de sus ojos. Después describió lo que encontró al salir: “Ese gran resplandor anaranjado que se ve ahí... estoy atrapado justo en medio. Tras el impacto, parece como si un equipo de demolición hubiera llegado con una enorme bola de derribo y hubiera destrozado toda la oficina”.También recordó el encierro entre fuego, polvo y estructuras vencidas: “Recuerdo llamas a mi alrededor, como si alguien hubiera agarrado una bolsa enorme de cemento y la hubiera lanzado al aire; no podía respirar. El piso de arriba se desplomó y quedó suspendido sobre el escritorio”.PUBLICIDADEn el piso 84, Clark vio desprenderse el techo de la oficina y sintió que la torre se inclinaba hacia el oeste durante unos 10 segundos antes de volver a su posición. “En esos 10 segundos sentí un terror absoluto pensando que el edificio iba a volcar, pero no fue así”.Luego condujo a su grupo hacia la escalera A, la única que seguía transitable. Las escaleras B y C habían quedado destruidas.En el descanso del piso 81, mientras dos personas subían y les pedían que no siguieran bajando, Clark escuchó un pedido de auxilio: “Ayuda, estoy atrapado, no puedo respirar”. Decidió salir de la escalera y entrar en la oscuridad del piso devastado.PUBLICIDADStanley Praimnath con su hija Caitlin, de 4 años, 10 años después del atentado (BRUCE COTLER/ 2001(Credit Image: © Globe Photos/ZUMAPRESS.com)Praimnath gateaba entre llamas y cables sueltos que hacían cortocircuito por el agua de los rociadores. Rezaba a los gritos para que alguien acudiera a rescatarlo. “Señor, envía a alguien, no quiero morir”. Escuchaba una voz que le decía que lo estaba esperando, pero no podía identificar de dónde venía. La onda expansiva del avión le había provocado una sordera temporal.“Dios mío, me voy a morir”, pensaba. Entonces escuchó que la voz le indicaba:“Golpeá la pared, sé dónde estás”. Praimnath golpeó. Del otro lado, Clark le dijo que trepara. Había una pared de paneles de yeso de unos tres metros de altura. Clark iluminó con su linterna y vio una mano que asomaba por un agujero, la tomó y lo ayudó a pasar.PUBLICIDADEl escritorio que sostenía a Clark cedió y ambos cayeron al suelo. Entonces se presentaron. “Soy Brian Clark”. Praimnath respondió: “Soy Stanley Praimnath; seremos hermanos para toda la vida”, le dijo el empleado bancario después de abrazarlo y darle un beso. Clark vio que el otro hombre tenía una herida en la palma y notó que la suya también sangraba por mover escombros. “Junté nuestras manos con fuerza y dije: ‘De hecho, seremos hermanos de sangre para toda la vida. Vamos, amigo. Vámonos a casa’”.De regreso en la escalera, Clark mantuvo su decisión de descender aunque una mujer que estaba subiendo insistía en que no bajaran. Pero el hombre apuntó su linterna hacia abajo y no vio llamas. Praimnath confió en él. Bajaron juntos los 81 pisos.Los compañeros que Clark había guiado inicialmente, que tomaron la decisión contraria, subieron, convencidos de que allí estarían más seguros. Ninguno sobrevivió al derrumbe. Murieron 61 de los empleados de Euro Brokers.Brian Clark y Praimnath dieron más de cien charlas sobre cómo lograron escapar de la torre en llamas (Captura de video)Cuando llegaron a la calle, la policía les ordenó correr. Poco después, la torre que habían dejado atrás colapsó y cubrió el Bajo Manhattan con una nube de polvo y escombros; ambos lograron refugiarse en el 42 de Broadway.Ese mismo día, Praimnath sacó de su bolsillo una tarjeta laboral con su número de teléfono, vinculada al negocio que tenía con su esposa. Clark lo llamó esa tarde para confirmar que había llegado bien, y desde entonces construyeron una amistad que, según calculan, los llevó a dar más de 100 charlas en escuelas, estudios de televisión e iglesias.Praimnath, hoy de 69 años, vive en Valley Stream, en Long Island, es pastor y atribuye su supervivencia a Dios. Clark, 10 años mayor, vive en Nueva Jersey rodeado por una familia numerosa.Bill Dacunto tenía 41 años cuando sobrevivió al atentado. Actualmente, 25 años después trabaja en el 7 World Trade. “Tenía una oficina en el piso 88 de la Torre 1 [Norte]. Estaba en ese piso a las 7.30 de la mañana el 11 de septiembre. Tenía una reunión. Había un restaurante en el lobby del One World Trade. Así que tuve que dejar el piso a las 8.15”, relató en una entrevista de Gayle King Talks. Nunca imaginó que esa sería la última vez que vería a sus compañeros de trabajo. Bill Dacunto logró salvarse por un desayuno laboral en la planta baja y además, por no conseguir lugar debajo de un techo de cristal qeu solía elegir en el restauranteLas entrevistas eran frecuentes en ese lugar, recordó. Siempre se sentaban en el centro del restaurante, donde había un techo de cristal. Ese día no quedaba espacio disponible en esa ubicación y se sentaron a un costado. “Cuando el primer avión impactó, el techo se desplomó”. En ese momento, Dacunto no tenía idea de que eso había sucedido. “ El impacto sonó como una bomba. Y de hecho, como si viniera de abajo, a decir verdad”. Por supuesto, continuó recordando, todo el mundo se asustó. Logró salir al lobby, mientras caía agua por todas partes, y en el camino se encontró con una mujer envuelta en llamas. En lugar de ir al piso 88 como tenía previsto, salió corriendo en busca de ayuda. Le dijo a un policía que alguien necesitaba ayuda, pero este le ordenó que no volviera a entrar y que continuara su camino. Intentó volver, pero fue en vano. Estaba afuera, a los pies de esos gigantes de acero y hormigón, justo debajo de la fachada de la Torre 2, la Sur. “Estaba ahí cuando el segundo avión golpeó. Aceleró. Después se inclinó hacia un costado para que el impacto fuera mayor y se estrelló contra el edificio. Uno puede pensar que estaba soñando despierto o en una pesadilla, pero fue real”, reflexionó quien considera que hablar sobre este tema tan difícil es parte de su vida. Bill Dacunto nunca volvió a ser el mismo. Su madre le dijo a su mujer que eso pasaría. “Siento una gran culpa por haber sobrevivido, porque las personas con las que trabajaba tan estrechamente no lo lograron. ‘¿Por qué ellos y no yo?’“, confesó. Inspirado por su jefe, que por entonces tenía 70 años, dedicó el resto de su vida a reconstruir el World Trade Center. El sobreviviente colaboró activamente con las labores de reconstrucción. Actualmente, 25 años después, la oficina de Dacunto se encuentra en el 7 World Trade Center. Considera su regreso a ese edificio como uno de los más felices de su vida, tanto como el día de su casamiento o nacimiento de sus hijos. La idea que marcó ese regreso, dijo, es simple: “Intentaste derribarnos y fracasaste. Estamos de vuelta”. También afirmó que mantendrá viva la memoria: “No puedo permitir que el recuerdo se olvide jamás mientras viva”.Gracias al problema que tuvo con la montura de sus anteojos, el chef ejecutivo Michael Lomonaco, que dirigía el servicio del restaurante Windows of the World (Ventanas al mundo) que funcionaba en los pisos 106 y 107 de la Torre Norte del World Trade Center, salvó su vida. Cuando el avión de American impactó contra la torre, él estaba en la óptica de la planta baja. “Sentí que el edificio se sacudía. Y pensé: ‘Eso no puede ser el subte. Es imposible’, recordó en el recientemente estrenado documental Top of the World, de CNN Films, TIME Studios y Tribeca Studios, que reconstruye ese espacio gastronómico al que se referían como “la ONU de los restaurantes” porque le daba trabajo a muchos inmigrantes. Allí 79 empleados y 91 clientes murieron en el atentado. Lomonaco fue evacuado del lugar y al mirar hacia arriba los vio a sus compañeros de trabajo agitando un mantel blanco pidiendo socorro.Michael Lomonaco interviene durante la proyección de *Top Of The World* de CNN el 1 de septiembre de 2026 en la ciudad de Nueva York (Noam Galai/Getty Images for CNN/AFP (Photo by Noam Galai / GETTY IMAGES NORTH AMERICA / Getty Images via AFP)Sekou Siby, empleado del restaurante que esa mañana debía estar allí supervisando los alimentos fríos para el desayuno, pero por cuestiones del destino, estaba en su casa mirando todo por televisión junto a su esposa embarazada. Había intercambiado su día de franco con otro compañero de trabajo, Moises Rivas. Se lo había pedido este músico ecuatoriano de unos 20 años, que necesitaba el domingo libre y Siby, nacido en Costa de Marfil, lo cubrió. El 11 de septiembre por la mañana, Rivas le devolvió el favor. «No te imaginás perder a todo el equipo de la mañana, a todas las personas con las que interactuabas; todos desaparecieron», declaró a la CNN. “No sos un soldado preparado para algo así. Sos simplemente un trabajador”.Luego de la desaparición de Windows of the World, el prestigioso chef Lomonaco recibió ofertas de trabajo en otras zonas de Estados Unidos, pero él decidió permanecer porque tenía asuntos pendientes.Con los propietarios del restaurante, impulsó Windows of Hope, una fundación benéfica que recaudó más de 22 millones de dólares para cubrir los gastos médicos y escolares de los hijos de los empleados que murieron en el atentado. “Entregábamos cheques a las personas para que pagaran el alquiler antes de que llegaran los fondos federales”, recordó.Sujo John sobrevivió a los atentados del 11 de septiembre tras descender desde el piso 81 de la Torre Norte del World Trade Center, mientras su esposa embarazada trabajaba en el piso 71 de la Torre Sur. La experiencia lo llevó años después a fundar una organización dedicada a asistir a mujeres y niños vulnerables en la India.Sujo John había dejado ese mismo año Calcuta junto a su mujer para mudarse a Nueva York (Captura de video)Había llegado a Estados Unidos en febrero de 2001, después de obtener una licenciatura en negocios. Todo iba de maravillas. Ganaba mucho dinero y con su mujer, Mary, que trabajaba como él en el World Trade Center, en la otra torre, esperaban un bebé. “Vivíamos una etapa realmente emocionante”. La víspera del ataque, tras jugar al tenis con un amigo, John volvió a su casa apurado para hablar con su esposa sobre un seguro de vida que acababa de contratar. “Esperamos un bebé y la vida puede ser muy incierta. Hoy contraté un seguro de vida. Si me pasa algo, a esta persona es a quien debés llamar. Aquí está la documentación”, le dijo; esa fue su última conversación antes de aquella mañana, relató a la revista Premier Christianity.A las 8:05 del 11 de septiembre, ya en su oficina, envió un correo a Tom, un miembro de su iglesia. “Sé que hay un llamado de Dios sobre mi vida. He estado persiguiendo cosas materiales, pero sé que necesito perseguir aquello que está en el corazón de Dios”, escribió.El avión atravesó la Torre Norte entre los pisos 93 y 99, por encima de la oficina donde se encontraba John. Allí había 28 personas, que se tendieron sobre la alfombra mientras el fuego y los derrumbes sacudían el lugar.John pensó que no volvería a ver a Mary ni conocería al hijo que esperaban. Minutos después, un grupo comenzó a avanzar hacia las escaleras, pero una nueva explosión confirmó el impacto contra la Torre Sur, donde trabajaba ella.Las llamadas telefónicas eran imposibles. Durante el descenso, bomberos y policías subían por las escaleras y pedían a los empleados que evacuaran; John chocó las manos con algunos de ellos y les dijo: “Que Dios los acompañe. Son unos héroes”.El larguísimo descenso le insumió una hora y 20 minutos. Al llegar a la planta baja, observó cuerpos, restos humanos y fragmentos de los aviones en llamas en el espacio entre las dos torres, el mismo lugar donde los trabajadores solían reunirse durante el almuerzo o al final de la jornada.John se dirigió hacia la Torre Sur con la intención de encontrar a su esposa, pero el edificio comenzó a temblar. “Estaba en una puerta giratoria cuando los cristales estallaron. Sentí como si me succionara el vacío. Pero no era una bomba; era la Torre Sur que se desplomaba”, recordó.Quedó bajo una masa de personas, polvo, hollín y ceniza, sin poder respirar. Mientras pensaba que podía morir, recordó un pasaje del Evangelio de Juan: “No se angustien. Confíen en Dios; confíen también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si así no fuera, yo se lo habría dicho”.El combustible de los aviones causó incendios masivos que debilitaron la estructura de acero de los edificios (AFP)Hasta entonces, explicó, mantenía su fe en privado. En medio del derrumbe, pidió a quienes estaban junto a él que invocaran el nombre de Jesús, y varias personas comenzaron a rezar.Un hombre que se identificó como cristiano y trabajador del FBI le tendió la mano. Ambos rezaron convencidos de que podían morir, hasta que una luz roja intermitente, que llegaba de una ambulancia, les indicó una salida entre el humo. El hombre regresó para buscar a más sobrevivientes. Poco después, la Torre Norte se derrumbó y, según John, murió durante el rescate.Mary había llegado tarde al trabajo y, desde la calle, vio arder el edificio donde estaba su esposo. También presenció el impacto de un avión contra la Torre Sur, a la que no había alcanzado a entrar.Una joven la tomó de la mano y le dijo: “Estás embarazada. Tenés que vivir por el hijo que llevas dentro”. Luego la alejó del lugar.Horas más tarde, el teléfono de John volvió a sonar. Era Mary, y ambos supieron que habían sobrevivido a los derrumbes.Durante un viaje posterior a la India, John entendió que debía hacer algo contra la explotación sexual que afecta a miles de mujeres y consideró que debía involucrarse en su ayuda. “Fuiste rescatado espiritual y físicamente, y eso es lo que debes hacer por estas chicas”, afirmó haber sentido como un llamado religioso.Después del incendio, el colapso de ambos edificios causó grandes daños en los edificios cercanos (AFP)Fundó YouCanFreeUs, una organización que administra casas de acogida y centros de desarrollo infantil. La entidad ofrece educación y alimentación a casi 1.000 niños y busca asistir a mujeres y menores en situación de vulnerabilidad.Veinticinco años después, John y Mary siguen recordando aquella mañana. Él conserva la convicción de que sobrevivir no fue solamente una segunda oportunidad: fue el comienzo de una vida dedicada a rescatar a otros.Mikaila Cruz, una sobreviviente de la Torre Sur del World Trade Center que trabajaba en el piso 95, logró salir después del impacto del primer avión en la Torre Norte, poco antes de que el segundo avión golpeara su edificio. Contó que antes del atentado, su vida era como en “Sex and the City”. Una mujer joven, soltera y volcada en el trabajo y la vida social en Nueva York. “Todo lo que hacíamos era trabajar y divertirnos”, recordó en una entrevista. Su día a día en el complejo formaba parte de esa normalidad. “Iba a almorzar, cuando quisiera. Era genial... tenía la libertad de hacerlo”, relató.La joven vivía rodeada de turistas en el World Trade Center. Todo el mundo quería conocerlo. Estar ahí. En la Torre Uno estaba Windows on the World, “un restaurante y un bar” que frecuentaba con sus amigos. En el vestíbulo, añadió, había un centro comercial con tiendas de indumentaria.Mikaila Cruz, sobreviviente del atentado a las Torres GemelasAquella mañana, cuenta, había llegado temprano en un día despejado y caluroso, con unos 25 grados. “No quería ir a trabajar ese día... pero sabía que tenía obligaciones”, recordó. Dijo que todo parecía normal hasta que acababa de colgar el teléfono con su exnovio. “Entonces escuché el zumbido del motor de un avión y luego un estruendo. Para que yo escuchara el avión, era extraño”. Las ventanas de su lado del edificio, que iban del suelo al techo estallaron con el impacto en la torre vecina.“No quería mirar. Solo quería correr”, explicó. Dice que en ese instante no entendió por sí sola qué había ocurrido. “Alguien gritó: ‘Un avión acaba de chocar la Torre Uno’”. Un compañero llamado Andrew la agarró y la metió en un ascensor que todavía funcionaba. Bajaron del piso 95 al 90, donde subió otra persona. Luego se detuvo en el 78 y desde allí siguieron hasta el hall entre empujones de personas que buscaban salir o entrar.Ya abajo, vio a una compañera acercarse a un ascensor con la intención de volver a subir y la alejó. “No entrés ahí. No entres ahí”, le rogó Mikaila.Según su relato, en la Torre Dos habían anunciado que no había ningún problema y que la gente debía volver al edificio a trabajar. “Debían regresar, que debían volver a entrar”, aseguró. En medio de esa confusión, llamó a su gerente, Joanie, que ese día trabajaba desde casa. “Joanie, creo que un avión acaba de golpear la Torre Uno. ¿Debería volver a entrar?”, le preguntó. Personas observan desde la torre norte en llamas del World Trade Center en la ciudad de Nueva York, Nueva York, EE. UU., el 11 de septiembre de 2001 (REUTERS/Jeff Christensen/File Photo SEARCH "20TH ANNIVERSARY OF THE SEPTEMBER 11 ATTACKS" FOR THE PHOTOS)La respuesta, cuenta, fue inmediata. “No, absolutamente no. Volvete a tu casa”, le indicó su jefa tras encender la televisión.La joven alcanzó a tomar uno de los últimos ascensores hacia abajo antes del segundo impacto, que alcanzó su torre, entre los pisos 78 y 85, justo debajo de donde ella trabajaba.Fuera del edificio, dice, no empezó a correr enseguida porque entró en shock. Vio policías, bomberos, ambulancias, papeles, computadoras y archivos que caían desde arriba. “Llovían cenizas y muchos papeles, y la gente empezó a gritar desde arriba, y fue entonces cuando comenzaron a saltar”, contó. Después, junto a su compañero, caminaron hasta South Street Seaport.Su madre, que trabajaba a cinco cuadras, vio el primer avión impactar contra el primer edificio y, cuando vio el segundo, que alcanzaba la torre en la que trabajaba Mikaila, se desvaneció.Desde South Street Seaport, caminaron 35 cuadras hasta la calle 35 con su compañero de oficina. Andrew tomó el ferry y ella consiguió un taxi después de que él le señalara uno en medio de personas que trataban de detener coches a los gritos. Mikaila aseguró que nadie más pareció ver ese taxi y que por eso muchos le dijeron que quizá fue “un ángel”. Al subir, el conductor la saludó con calma, con una sonrisa, como si no hubiese comprendido el desastre que se estaba viviendo allí afuera. Ella le pidió que la llevara a casa de su madre. Se dio cuenta de que no llevaba dinero y él la llevó gratis.Al final del trayecto, lo último que le dijo fue “Cree en nuestro padre. Él estará para ti”.
“Este avión venía directo hacia mí”: relatos estremecedores de sobrevivientes de los atentados a las Torres Gemelas
Una decisión tomada en segundos, un cambio de mesa, una visita inesperada y hasta un intercambio de días de franco marcaron el destino de quienes lograron escapar de las Torres Gemelas. A 25 años de los atentados, sus testimonios reconstruyen el horror desde adentro, cuando aquella mañana parecía un día más











