El cielo había amanecido azul, límpido y brillante aquella mañana típica del fin del verano en Nueva York, cuando el clima se vuelve agradable y casi perfecto. William “Will” Jimeno saltó bien temprano de la cama en su hogar en Clifton, New Jersey, se vistió con su uniforme de policía, despidió con un beso a su esposa Allison y con otro a su panza embarazada de 7 meses, y luego a su hijita Bianca, de 4 años, que seguían dormidas. Se fue a trabajar a Manhattan, como todos los días.Pero aquella jornada luminosa y apacible, el 11 de septiembre de 2001, derivaría en pocas horas en el terror más espeluznante que haya sufrido Estados Unidos en su historia, con el ataque sincronizado con aviones secuestrados que impactaron contra las torres del World Trade Center y el Pentágono en Washington, y con otra aeronave que terminó estrellándose en Pennsylvania.En el más mortífero atentado en el planeta, perpetrado por 19 terroristas (15 de ellos saudíes), murieron cerca de 3.000 personas, la inmensa mayoría trabajadores de las Torres Gemelas, y otras tantas sufrieron secuelas en su salud por años. Unas 25.000 personas lograron ser evacuadas, pero los edificios de más de 100 pisos terminaron derrumbándose poco después, engullendo miles de vidas.Pero William, que con un equipo de policías había ido aquella mañana al World Trade Center para ayudar a escapar a los que habían quedado atrapados, vivió su propia película de horror: se le desplomaron las dos torres encima y estuvo enterrado durante 13 horas bajo los escombros, a 10 metros de profundidad, aplastado con un inmenso bloque de hormigón. “Will” es una de las apenas 18 personas rescatadas vivas entre las ruinas.A 25 años de aquel día de espanto, cuenta la horrible sensación de ver a los desesperados saltar de las torres y estrellarse en el suelo; aquellas 13 horas atrapado bajo tierra, cubierto de polvo, agobiado por el dolor, el calor de las explosiones y la sed, y la pesadilla de ver morir a su amigo a su lado. También la esperanza y el milagro: cómo lo encontraron, su recuperación y los desafíos de vivir pensando todos los días en lo que pasó aquel 11 de septiembre.Will recibió a Clarín en el escritorio de su casa en Chester, New Jersey, donde atesora en una repisa algunos retazos de la tragedia de Estados Unidos y la suya propia. Una cruz forjada con hierro de las torres, su placa de policía, la pistola que llevaba aquel día, junto con las esposas que aún están cubiertas del polvo de las torres.De Colombia al “Sueño americano”William “Will” Jimeno nació en Barranquilla, Colombia, y llegó a los 2 años a Estados Unidos, de la mano de su papá soldador y su mamá, maquilladora y peluquera. De chico jugaba al fútbol y miraba las series de guerra y ya entonces descubrió que su sueño era ser policía porque “quería ayudar a la gente”. A los 18 se inscribió en la Armada, donde estudió por cuatro años, y luego se formó como policía otros cuatro.Mientras tanto, formaba una familia con Allison. Cuando tenía 24 años se casaron, tuvieron una hija, Bianca. Seis semanas antes de los ataques del 11/S compraron su primera casa porque se agrandaba la familia: Allison estaba embarazada de una segunda niña.Will trabajaba como policía en la Port Authority Police de New York y New Jersey, que es la fuerza encargada de la seguridad de los aeropuertos, los túneles, los puentes, las terminales de ómnibus y el World Trade Center.El día fatal: "Esto es terrorismo"El 11 de septiembre comenzó como cualquier otro día. Will, que entonces tenía 33 años, se fue a trabajar en su horario habitual, de 7 a 15.Cuando llegó a Manhattan, le asignaron la vigilancia en la terminal de ómnibus, en midtown. Pero enseguida lo llamaron de regreso al cuartel general. Allí los esperaba el sargento John McLoughlin, con cara muy seria. En una televisión vieron por primera vez el drama: “Una de las torres estaba en fuego, con un agujero negro, con pura candela” y un colega enseguida arriesgó: “Esto es terrorismo”.Entonces Will llamó por teléfono a Allison y pudo conectarse. “Tuve suerte de poder avisarle que un avión había pegado en la torre porque los teléfonos estaban colapsados”.Los subieron a todos en un ómnibus, eran unos 20, entre ellos Will, Dominick Pezzulo, Antonio Rodrígues y el sargento McLoughlin. Iban a vivir la experiencia más terrorífica de sus vidas.El primer avión chocó la Torre Norte a las 8.46. Cuando Will estaba viajando en el ómnibus hacia el World Trade Center, el segundo avión se estrelló contra la Torre Sur. Eran las 9.03.
"Un millón de trenes cayéndote encima": el horror de quedar enterrado vivo bajo las Torres Gemelas, a 25 años del 11S
Los dos rascacielos se derrumbaron encima del policía William Jimeno, cuando intentaba rescatar a las víctimas del atentado. Quedó sepultado a 10 metros de profundidad, entre cadáveres. Resistió 13 horas y quiso morir. Fue el único que sobrevivió ese día junto a otras 17 personas rescatadas vivas entre las ruinas. Este es su relato.











