11 de septiembre de 2001. Jochi había llegado a las 8 de la mañana al World Trade Center, el complejo de siete edificios del que eran protagonistas las Torres Gemelas. Era su primer día de trabajo. Pero el destino no quiso que esa mañana estuviera en el despacho de abogados en el que trabajaría los meses siguientes, sino en el edificio 7 del complejo insignia de la ciudad de Nueva York. El mismo que se desplomaría en la tarde de ese día tras haber sido impactado por los escombros que caían de la Torre Norte y después de que los incendios que se iniciarían dentro, a consecuencia de los impactos, no pudieran ser sofocados. Al cumplirse 25 años del peor atentado terrorista de la historia, Jochi atiende a 20minutos para narrar lo que vivió aquella mañana.José Ramón Jiménez, Jochi, llegó a la Gran Manzana en 2001 por medio de un acuerdo entre el despacho en el que trabajaba en Barcelona y un bufete neoyorkino. Estaría un año en la empresa estadounidense y otros cuatro en la oficina de Nueva York del despacho español, por lo que se trasladó a la ciudad con su mujer, sus dos hijos y su suegra, que les ayudaría a instalarse. Él aterrizó el 24 de agosto y los demás lo hicieron los primeros días de septiembre. Entonces llegó el día 11 y Jochi se trasladó a la planta 45 del WTC 7, donde participaría en un seminario."Le dije a mi mujer, hasta cabreado, que viniera [con los niños], que era una oportunidad. Y que mientras yo asistía a la conferencia ellos podían ir a desayunar arriba. Pero mis hijos, que tenían dos años y nueve meses, estaban con jet lag", relata Jochi en conversación con este medio. Su mujer le respondió que tendrían cinco años para ir a visitar las torres, que no había necesidad de ir en ese momento. "Gracias a Dios perdí esa pelea y se quedaron", comenta este madrileño de 56 años que reside en la capital pero que también pasa temporadas en Barcelona.Jochi confiesa no haber oído el momento en que los aviones secuestrados por terroristas de Al-Qaeda se estrellaron contra las torres. "A las nueve menos cuarto empezó a pasar gente corriendo por el auditorio. Decían por megafonía que había que desalojar el rascacielos y yo pensaba que era un simulacro de incendios. No sabía que había pasado", asegura el abogado, que tardó media hora en bajar las 45 plantas andando. "Al llegar abajo vi un agujero enorme en la plaza y lo primero que pensé es que había explotado una bomba. Pero después vi que caían papeles del cielo y me acerqué a la puerta. Había mucha gente en la calle mirando hacia los rascacielos. Observaban a la gente tirándose desde las torres", recuerda."Lo siguiente que pensé es que había habido una bomba en las torres. La gente estaba en shock. Estupefacta. Sin poder reaccionar. Te abrazaban, se ponían de rodillas, lloraban", afirma Jochi y recuerda que aquella era una época en la que no todo el mundo tenía un móvil. "Yo llevaba una BlackBerry que me había dado el despacho, una de las primeras que existieron, y la gente me la pedía para enviar un correo a sus familias. Para avisar que estaban bien", asegura este abogado madrileño antes de destacar que los móviles no funcionaban porque no había señal.Posteriormente, se alejó unos 200 metros de los edificios y se sentó cerca de unas obras a contemplar la escena. Junto a él estaba un hombre con el que empezó a hablar y al enterarse de que este era ingeniero no dudó en preguntarle por qué los rociadores automáticos contra incendios habrían sido incapaces de sofocar el fuego en los rascacielos. "¿No tienes idea de lo que ha pasado? Han chocado dos aviones contra las torres", le dijo a Jochi mientras veían a bomberos y agencias gubernamentales trabajando. Ahí fue cuando se enteró de lo que había sucedido."¿No tienes idea de lo que ha pasado? Han chocado dos aviones contra las torres?"Desde donde estaba, Jochi no pudo observar el desplome de la Torre Sur, la primera en derrumbarse, pero sí vio el de la Norte. "Es una sensación que nunca olvidaré. El edificio se estaba cayendo sobre sí mismo y solo se veía la antena", sostiene en referencia a la inmensa nube de polvo que se generó por el colapso de los rascacielos. Tras los derrumbes, las fuerzas de seguridad le ordenaron a la población que desalojara la zona. "Tenían miedo de que se produjeran explosiones debido al gas que iba por debajo de la ciudad", añade. Desde allí caminó unos ocho kilómetros hasta su casa y finalmente pudo hablar con su mujer.Su esposa solo sabía que algo había ocurrido en los rascacielos. Se había enterado en el colegio de sus hijos al preguntarle a una profesora. "Mi marido está en las Torres Gemelas", le dijo su esposa a la docente. "Pues váyase a casa porque ya no hay Torres Gemelas", le contestó la mujer, que regañó al Jochi al verlo llegar. "No teníamos tele en casa, pero en nuestro edificio vivían unos periodistas que trabajaban en Le Monde, así que les preguntamos si podíamos ver las noticias. Cuando mi mujer vio lo que había pasado le cambió la cara", manifiesta antes de contar que se enteró más tarde por las noticias que el WTC 7, el edificio donde había estado por la mañana, también se había desplomado.Al ser preguntado por detalles o ciertas acciones que le sorprendieron de aquel día, Jochi recuerda a los bomberos llevando escaleras a las torres —que medían más de 400 metros—, así como su breve conversación con el jefe de seguridad del WTC 7. "Le dije que debía apagar las escaleras mecánicas, que se paraban por el peso con tanta gente bajando rápido. Y también que le dijera a las mujeres que se quitaran los zapatos de tacón porque se estaban pegando tortas. Me contestó que el manual no lo decía". En los días posteriores, le sorprendió el silencio sepulcral en las calles, solo interrumpido por sirenas de servicios de emergencias. "Más que silencio era ausencia de ruido, de gente. Manhattan estaba cerrado. Aislado. Los únicos que salíamos éramos los extranjeros. Los americanos estaban encerrados en sus pisos muertos de miedo", señala Jochi, a quien sus superiores le dijeron que entendían si se devolvía a España en cuanto se reabriera el espacio aéreo. Pero él no lo hizo. "Les dije que nosotros habíamos vivido esto en España en los años del plomo. Que había que seguir viviendo, trabajando y saliendo", afirma en referencia a los ataques de la banda terrorista ETA. "Los que hemos vivido aquellos años tenemos la piel un poco más dura", añade.Ola de solidaridadLas muestras de solidaridad también le asombraron gratamente. "Todo el mundo se volcó con Nueva York. Los estados y los ciudadanos dejaron aparte sus ideologías y sensibilidades", indica Jochi, quien recuerda que en los trabajos se ofrecía asistencia psicológica a los que lo necesitaran. Los hoteles le proporcionaron un techo a los que habían sido evacuados y les dieron un espacio a los empresarios para que pudieran seguir operando. Su despacho liberó dos plantas y prestó el espacio a otros bufetes de abogados para que pudieran seguir trabajando. Los restaurantes, por su parte, ofrecían menús a precios reducidos. "Para mí ese espíritu colectivo de ayudarnos para salir adelante fue muy impresionante", declara. "Manhattan estaba aislado. Solo salíamos los extranjeros. Los americanos estaban encerrados en sus pisos muertos de miedo""Ese día el mundo cambió para peor y tendremos que esperar 50 años para saber toda la verdad", dice tras ser preguntado por las teorías que rondan entorno a lo sucedido con el avión que impactó en el Pentágono y con el que se dirigía a Washington. "Hay imágenes de los aviones volando hacia las torres e impactando contra ellas. El Pentágono es uno de los edificios más protegidos, seguros y con cámaras que hay en el mundo y nunca he visto ninguna prueba de que haya habido un avión", sostiene. También se muestra escéptico con la versión oficial de que los pasajeros hayan impedido que la cuarta aeronave llegara a la capital, aunque deja claro que no cree que haya habido ninguna conspiración. "Creo que el presidente de EEUU tuvo que tomar una decisión sobre qué hacer con un avión secuestrado que podía ser estrellado. Pienso que fue la Fuerza Aérea, que el presidente ordenó derribar los aviones que no respondían por radio y que no se dirigían a aeropuertos cercanos a aterrizar. Me parece más factible que pasara eso a que los pasajeros se pusieran de acuerdo en suicidarse".Jochi nunca olvidará las imágenes del humo saliendo de los rascacielos. De la Torre la Torre Norte desplomándose. Tampoco las de la gente lanzándose al vacío y las de un Manhattan totalmente irreconocible. Los recuerdos del silencio y del olor a quemado que permaneció durante semanas en la ciudad tampoco abandonarán su memoria. "El mejor recuerdo de todo es haber perdido la pelea con mi mujer y que ni ella ni mis hijos estuvieran en Windows of the World a esa hora porque se hubieran quedado ahí. No hubiera podido vivir con la culpa de haber puesto a mi familia arriba en la torre. No lo hubiera superado jamás".
Jochi Jiménez, español superviviente del 11-S: "Ese día pedí a mis hijos que vinieran a las torres conmigo... gracias a Dios se quedaron"
Este abogado madrileño se encontraba en el edificio 7 del World Trade Center en el momento de los atentados terroristas. El rascacielos se desplomó tras haber sido impactado por los escombros que caían de la Torre Norte y después de que los incendios que se iniciaron dentro, a consecuencia de los impactos, no pudieran ser sofocados.












