El Gobierno se hunde cada vez más en la crisis de Ceuta. El último intento por salir del agujero -el de publicar decenas de documentos clasificados- no solo no ha aportado nada nuevo y positivo para sus intereses, sino que puede volverse en su contra: el que una información insuficiente del Delegado del Gobierno o ciertos fallos de comunicación del CNI expliquen por qué no pudo anticiparse a la avalancha marroquí -cuando otras muchas fuentes estaban advirtiendo de ese riesgo- es una explicación tan pobre que parece despreciar la inteligencia de los ciudadanos.
Y eso no puede sino aumentar la desconfianza, que ya es muy grande. La tozuda negativa del Ejecutivo en negar cualquier tipo de participación de Marruecos en el asalto a las fronteras españolas abunda en esa misma dirección. Porque desde cualquier punto de vista se llega a la conclusión de que esa participación fue inevitable, si no absolutamente imprescindible. Y la negativa a reconocerlo por parte de la Moncloa alimenta hasta las teorías más inverosímiles sobre los motivos de esa negativa.













