Cuentas pendientesEl resultado de AfD responde a la combinaci�n de tres fuerzas que llevan a�os reforz�ndose entre s�: la inseguridad econ�mica, la percepci�n de sentirse abandonado y la desconfianza hacia las �litesVarios miles de personas se manifestaron este lunes en Berl�n contra AfD.EFEActualizado Martes,

septiembre

23:15Audio generado con IAEl 43,8% de AfD en Sajonia-Anhalt admite muchas lecturas, pero pocas explicaciones simples. Reducirlo al rechazo a la inmigraci�n es insuficiente. Atribuirlo solo al deterioro econ�mico tambi�n. El resultado parece responder a la combinaci�n de tres fuerzas que llevan a�os reforz�ndose entre s�.La primera es la inseguridad econ�mica. Alemania ha dejado atr�s la imagen de locomotora europea. La energ�a es m�s cara, la industria pierde competitividad, el crecimiento se debilita y los servicios p�blicos acumulan tensiones. El malestar no depende �nicamente de la renta actual, sino de las expectativas. Cuando una sociedad empieza a pensar que sus hijos vivir�n peor que sus padres, el voto de protesta gana espacio.La segunda tiene que ver con el territorio. Sajonia-Anhalt concentra buena parte de la experiencia del Este alem�n: p�rdida de poblaci�n, j�venes, empresas, servicios y peso econ�mico durante d�cadas. No hace falta ser pobre para sentirse abandonado. Basta con vivir en una ciudad que pierde oportunidades mientras el discurso oficial insiste en que el pa�s progresa. La socialdemocracia ha confundido demasiadas veces transferencias con integraci�n y gasto con perspectivas de futuro.La tercera palanca es cultural. Inmigraci�n, identidad y desconfianza hacia unas �lites percibidas como distantes han permitido a AfD ordenar ese malestar y darle una interpretaci�n pol�tica. La econom�a puede aportar combustible, pero la pol�tica decide d�nde prende. Tan equivocado es pensar que todo se explica por xenofobia como creer que una nueva partida presupuestaria desactivar� por s� sola el voto radical.Durante a�os, la respuesta de los partidos tradicionales ha consistido en aislar a AfD, deslegitimar a sus votantes y confiar en que el cord�n sanitario resolviera lo que no resolv�a la pol�tica. El resultado ha sido el contrario: el partido se ha convertido en el principal canal de protesta frente a un sistema que muchos consideran incapaz de escucharles.Y ahora llega la paradoja. Gobernar puede ser la mayor oportunidad de AfD y tambi�n su principal riesgo. En la oposici�n es f�cil prometer casi sin l�mite. En cambio, el poder obliga a escoger, gestionar recursos escasos y responder por los resultados. Tambi�n los populistas descubren, tarde o temprano, que gobernar desgasta.