IntemperieLa contundente victoria de AfD en el Estado de Sajonia-Anhalt obedece en gran medida a la fractura territorial del Este por la p�rdida de empleo, poblaci�n y expectativasMiles de personas se manifestaron este lunes en Berl�n contra la ultraderecha despu�s de su triunfo electoral en la regi�n oriental de Sajonia-Anhalt.EFEActualizado Mi�rcoles,

septiembre

23:01Audio generado con IAHay victorias electorales que se explican con un programa y otras que exigen mirar un mapa. La de AfD en Sajonia-Anhalt pertenece a la segunda categor�a. El hist�rico avance de la derecha m�s a la derecha de Europa, una formaci�n a la que Elon Musk y J.D. Vance han dado alas, certifica una fractura entre l�nder que Alemania lleva 36 a�os intentando mitigar y camuflar. Parece que muchos han descubierto ahora que dentro de las fronteras del motor econ�mico de Europa tambi�n existe una periferia.Sajonia-Anhalt, con una renta 30 puntos inferior a la de Baviera, es lo m�s parecido a la Espa�a vac�a en el pa�s germano. No porque sea un territorio remoto, sino porque all� se perciben con especial nitidez los efectos de la despoblaci�n, el envejecimiento, la fuga de los j�venes y una desigualdad que castiga a los entornos urbanos de Magdeburgo y Halle. La reunificaci�n prometi� convergencia. Lo que lleg�, en cambio, fue una transformaci�n econ�mica vertiginosa. La Treuhand -la instituci�n p�blica creada para gestionar las empresas estatales de la extinta Alemania Oriental- liquid� o privatiz� buena parte del tejido industrial del Este. F�bricas enteras desaparecieron, otras cambiaron de manos y muchas localidades perdieron en pocos a�os empleos, poblaci�n y expectativas. La RDA no fue ning�n para�so, pero ser�a un error reducir la Ostalgie a la simple a�oranza por un r�gimen atroz. Esa nostalgia expresa algo m�s elemental: la rabia por la p�rdida de seguridad laboral, de barrios que no se vaciaban y de un proyecto colectivo reconocible. El efecto ulterior es que un territorio tradicionalmente de base obrera se ha visto succionado por un partido que, como ha escrito Dominique de Villepin, �bebe sin verg�enza del legado del peor horror para construir su proyecto de divisi�n�.Sin restarle gravedad a su ascenso, sostiene Fernando Vallesp�n que los ultras van a gobernar un Estado que, trasladado a nuestra escala auton�mica, representar�a por peso pol�tico y demogr�fico algo as� como la regi�n uniprovincial de La Rioja. Es cierto, pero cuidado con confiar en los efectos taumat�rgicos del desgaste que provoca la pura gesti�n administrativa. Sobran los precedentes -el FP� austriaco o Bildu- que demuestran que la insolvencia no siempre merma el tir�n electoral del nacionalismo extremo. Mucho m�s si subyace un agravio territorial que acaba convirti�ndose en abono para radicales de toda ralea.