0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialEl espectacular triunfo de Alternativa para Alemania (AfD) en las elecciones del domingo en el land de Sajonia-Anhalt ha sorprendido por el 44% de los votos obtenidos y por la participación de cerca del 80% del electorado. El avance de la extrema derecha en Alemania es mucho más rotundo en los lands que pertenecieron a la República Democrática Alemana, marxista y de obediencia moscovita, que en las regiones que formaron parte de la República Federal Alemana.Los dirigentes de AfD celebrando la victoria del domingo Fabrizio Bensch / ReutersLas huellas de la separación en 1945 y las de la unificación en 1990 siguen presentes en el imaginario colectivo de un país que, en palabras del poeta Goethe, tiene el destino de hacer difíciles todas las cosas, tanto para ellos mismos como para los demás.Una aire viciado recorre Europa en todas direcciones y descansa en tres ejes principales, que son la soberanía nacional, la migración y el reparto desigual del paradigma tecnocrático en el que estamos inmersos por personajes multimillonarios, sin escrúpulos y capaces de penetrar e influir en los relatos globales.El poder y el dinero nunca habían ido tanto de la mano, olvidando que la ética de la responsabilidad había acabado imponiéndose sobre la ética de la convicción, según expuso Max Weber en una célebre conferencia pronunciada en Múnich en 1919, cuando la república de Weimar empezaba a rodar, después de la humillación militar y política sufrida por Alemania en la Gran Guerra (1914-1918).El miedo al diferente que se respira en Occidente no es humanista ni progresista ni patrióticoEste aire viciado en Occidente se evidencia en un nuevo concepto de soberanía nacional, que no está basada en la historia o en la cultura, sino en un sentido de pertenencia sin motivo de tierras ajenas. El ejemplo más paradigmático lo encontramos en el presidente Trump, que pretende apropiarse de Canadá, Groenlandia y subrepticiamente, Venezuela, sin otro argumento que la ley del más fuerte. Y, de paso, cambiar nombres de mares, lagos y teatros siempre que consten su nombre o el de América.Milei quiere las Malvinas y varios ministros marroquíes han reclamado Ceuta y Melilla después de que el rey Mohamed VI facilitara que unas ochenta mil personas atravesaran en 48 horas la frontera de la ciudad autónoma española. El aviso de que Marruecos puede ocupar Ceuta y Melilla con unos cuantos miles de jóvenes que acampen en las dos ciudades autónomas está servido. No es vulnerabilidad militar, sino falta de prevención española para defender dos ciudades que forman parte de su territorio. ¿Qué es una ocupación militar clásica sino la invasión de Ucrania por parte de Rusia? Las guerras en Oriente, también la de Gaza y la del Líbano, son para trazar nuevas líneas en las fronteras de Israel, que están definidas por la ONU y por los tratados y acuerdos de paz. Una alteración de fronteras, por pequeña que sea, puede ser el pretexto de un gran conflicto. El último siglo y medio ofrece muchos ejemplos de modificación de fronteras y de guerras muy crueles.La migración es uno de los pretextos para reforzar o modificar las fronteras, levantar muros, expulsar a extranjeros y disputarse tierras en litigio. La inmigración en el conjunto de Europa es inferior hoy que en 2014. Pero el miedo al otro y al diferente es mayor. Se da la paradoja de que economistas y sociólogos señalan la necesidad de suplir con inmigrantes las curvas demográficas a la baja en Europa. Los necesitamos pero no los queremos.Los avances electorales de partidos xenófobos y de extrema derecha en toda Europa están auspiciados por sentimientos reductivos de la soberanía nacional y de la condición étnica, cultural y religiosa de sus ciudadanos. No hay pueblos puros ni hombres nuevos, como demostraron los regímenes totalitarios del siglo pasado que, para hacer prevalecer sus ideas, asesinaron a millones de ciudadanos.El aire viciado que se respira en Europa y en Occidente no es humanista ni progresista ni patriótico. Es fruto de la lucha para obtener dominios territoriales, económicos y culturales con la participación de la tecnocracia digital en manos de personajes que, con apariencia de neutralidad, dominan desde la opacidad las voluntades plurales y legítimas de buena parte de la Humanidad.