He escrito sobre Felipe González más veces de las que me gustaría. Le pedí que se mirara en el retrovisor cuando ejercía de guardián de la independencia judicial olvidando lo que él mismo decía de los jueces en 1995. Le recordé la pregunta de August Bebel, ¿qué has dicho, viejo imbécil…? cuando se convirtió en telonero de Aznar. En todos esos artículos le criticaba, digamos, por hablar. Este es exactamente por lo contrario.

Felipe, ¿qué opinas? ¿Cuál es tu posición sobre una de las crisis más graves de tu país? ¿Coincides con Aznar, Feijóo y Abascal, como tantas veces últimamente? ¿O esta vez no?

Porque tú, Felipe, tienes opinión sobre todo. La amnistía te pareció «infecta». La financiación singular, algo que obligaría a «cambiar la Constitución». De la DANA dijiste que tú «no habría dicho que me pidan lo que necesiten» y que habrías mandado al Ejército sin esperar. En febrero anunciaste que votarías en blanco antes que a Sánchez. En mayo pediste elecciones por el caso Zapatero. En junio, en Toledo, exigiste al presidente asumir su responsabilidad «dimitiendo o convocando elecciones» por la sentencia de Ábalos, y sobre las joyas de Zapatero remataste con ironía: «¿Regalos de cortesía? Es mucha, mucha cortesía». Ni un solo asunto de la legislatura se ha quedado sin tu sentencia. Ni una sola bala disparada por la oposición contra Sánchez has dejado pasar sin añadir la tuya, por si acaso la primera no remataba.