He defendido tu obra política porque es también la de nuestra generación; me parecen injustas tus recientes manifestaciones sobre el PSOE
Eres un poco mayor que yo, Felipe González. Nos conocimos en torno al año 1975. Por esa época, te acompañé en un viaje raro y clandestino a Yugoslavia. Nos hemos saludado con respeto en varias ocasiones. La última fue en San Sebastián en el funeral de Txiki Benegas. Tenemos algunos amigos comunes.
He defendido tu obra política porque es también la de nuestra generación. Somos muchos los mimbres, muchos también sin renombre —hace unos días murió en Toledo Jesús Fuentes Lázaro, y unos meses antes Paco Fernández Marugán—, los que nos unimos a tu indiscutible liderazgo para conseguir que España fuese un país democrático y que participase, como el resto de las democracias, en esa realidad llamada entonces Mercado Común. Mi aportación a esa obra es seguramente mínima: lo mucho o poco que pude aportar a la reconstrucción del PSOE en Valladolid y en Castilla y León por mi trabajo como diputado en el Congreso y, posteriormente, como eurodiputado.
Por ello, te aseguro que no niego en absoluto la enorme labor realizada bajo tus presidencias, incluidas aquellas actuaciones más incomprendidas.







