El negocio guayaquileño ofrece nueve variedades de sal marina macerada. Publicidad7 de septiembre, 2026 - 16h40En la cocina de la guayaquileña Irene Cabay, la sal dejó de ser simplemente un condimento. Se convirtió en una forma de buscar alternativas, experimentar con sabores y abrirse espacio como una propuesta gourmet artesanal, nacida de una historia personal. La emprendedora creó Sinchi Sal Gourmet, una alternativa que transforma la sal marina mediante procesos de maceración con licores, hierbas finas y especias exóticas. “La idea es poder comer rico y saludable”, enfatiza. El emprendimiento nació hace casi dos años, a partir de una situación familiar. Una de sus hermanas fue diagnosticada con Parkinson y, con el paso del tiempo, tuvo que restringir varios alimentos de su dieta. Entre esas limitaciones estaba la sal, un ingrediente cotidiano que, para Irene, resultaba difícil de reemplazar. Publicidad“Una hermana que tengo sufre de Parkinson y a la larga le van prohibiendo muchas cosas en la alimentación y a todos nos gusta comer rico y con sal. Que nos prohíban la sal es brutal”, cuenta. A partir de esa inquietud, Cabay comenzó a investigar alternativas a la sal refinada y encontró en la sal marina una posibilidad para desarrollar nuevos sabores. Probó distintas combinaciones y fue construyendo su propia técnica de elaboración. Así surgieron las sales maceradas de Sinchi. El proceso consiste en combinar la sal marina con diferentes licores, hierbas y especias para conseguir sabores, colores y aromas más intensos y duraderos. “De esta forma nació Sinchi, de una propuesta de salud y de ayuda a mi hermana. Ahora ella solo consume sal marina macerada”, relata. PublicidadPublicidadActualmente, Sinchi cuenta con nueve variedades. Entre ellas están la sal al vino tinto, sal de ají, sal de hierbas, sal de albahaca, sal de ajo, sal de jengibre, sal de cítricos y una variedad especial elaborada con pájaro azul, que Irene recomienda especialmente para acompañar chuletas. “La sal de ajo es la que más gusta, principalmente por el intenso olor y sabor”, dice. Para ella, cada variedad representa algo más que una combinación de ingredientes: es el resultado de una búsqueda que comenzó por su hermana y que terminó convirtiéndose en una nueva manera de entender un producto tan cotidiano como la sal. La elaboración continúa siendo completamente artesanal. Las prepara en un espacio de su casa destinado exclusivamente a esta actividad. Para las tareas de empaquetado y etiquetado recibe apoyo de colaboradores cuando es necesario. La materia prima principal llega desde Santa Elena. Cabay adquiere la sal marina directamente de las piscinas y por sacos, procurando contar con un producto que, según explica, no tenga aditivos añadidos. El crecimiento de la demanda también ha modificado su ritmo de producción. Al comienzo, uno o dos sacos podían durarle hasta seis meses, ahora necesita reponer el producto aproximadamente cada tres meses, dependiendo de las ferias y los lugares donde participa. Las ferias se han convertido precisamente en una de las principales vitrinas para Sinchi Sal Gourmet. Participó en la más reciente denominada Pymes Ecuador, edición Guayaquil 2026, que es impulsada por el Ministerio de Desarrollo Económico y Productivo, a través del Viceministerio de Producción, Industria y Turismo. Fue desarrollada en la Universidad Tecnológica Empresarial de Guayaquil (UTEG). PublicidadPara Cabay, participar en estos espacios representa una oportunidad para mostrar el producto, acercarse a nuevos consumidores y dar a conocer otras formas de utilizar la sal. “Estamos acostumbrados a la sal, pero no conocemos ni nos informamos bien de que hay otras formas de comerla, no podemos prescindir del sodio, pero tampoco hay que abusar”, señala. Fuera de las ferias, el producto se comercializa principalmente a través de Instagram (@sinchi.gye) y WhatsApp (098-312-4040). En redes sociales, Irene también comparte recetas y preparaciones en las que sus sales pueden convertirse en el toque final de un plato. (I)