0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialNo es fácil practicar hoy la bibliofilia. Todo son trabas. De entrada, falla lo básico: el soporte para acumular libros en casa. ¿Alguien ha tenido que renovar hace poco sus estanterías? A esos muebles, en los comercios habituales los siguen llamando librerías, pero es obvio que ya no se diseñan con esa función. En los modelos estándar, la distancia entre los estantes es excesiva, lo que reduce la capacidad de almacenar y obliga al lector de turno a apilar libros en posición horizontal encima de los verticales, para no desaprovechar el espacio.Si se busca en los catálogos online de las tiendas, se verá que hay más estantes ocupados por floreros, fotos de familia, frascos de fruta en almíbar o souvenirs disparatados que por libros. Los pocos que salen en las fotos suelen ser catálogos de arte que nadie abre. En algunas imágenes, los libros incluso aparecen apilados del revés, con el lomo cara a la pared, no fuera que alguien sintiera curiosidad por un título o un autor y se le ocurriera leerlo. A estos muebles los llaman librerías igual que seguimos denominando ferretería a esa tienda donde se sirve más plástico, aluminio, latón, cobre o cable que hierro.Comprar libros antiguos antes de que los destruya la IA es resistencia políticaHay una alternativa: encargar la librería a medida, con espacio a ras de suelo para los libros de arte y algún estante bajito para los cuadernos de ensayo, hoy tan en boga. Pero esta opción suele ser cara y está condicionada a la escasez de carpinteros.Hay una explicación a la contradicción aparente entre esa desertización libresca de los pisos y el hecho de que el sector editorial goce de una razonable salud y de que las librerías (las de verdad) que abren superen a las que echan el cierre: probablemente, hay cada vez menos hogares con libros, pero también una minoría de hogares que acumulan cada vez más volúmenes, aunque haya que guardarlos apaisados o apilonados en el suelo, una solución tan romántica como antihigiénica.Un ejemplar en una sala especializada en manuscritos de la UBCerveraPorque el prestigio y la relevancia económica del sector del libro está fuera de duda. En defensa del hábito de lectura en papel, como cada año, se inicia mañana el Forum Edita Barcelona. Precedido por un merecido homenaje a la editora Beatriz de Moura, en el foro se constará que el del libro es un mercado que afronta incertidumbres pero sigue creciendo. Hay una fiel comunidad lectora (o más bien una comunidad compradora que tiende a apilar libros: que levante la mano quien en los últimos años no haya perdido su capacidad de concentrarse para leer) y unas librerías que van trampeando.Lee tambiénAl Forum Edita le sucederá la Setmana del Llibre en Català, pero este mes hay otra convocatoria que merece la atención no ya solo de los amantes del libro, sino de quienes asumen que leer de fuentes fiables es un ejercicio de resistencia política. Se trata de la Fira del Llibre d’Ocasió, Antic i Modern del paseo de Gràcia.Porque ya no se trata solo de buscar lectura barata o de sucumbir al hábito de coleccionar ediciones antiguas, sino también de participar en el acto altruista de preservar la sabiduría generada durante siglos por la humanidad frente al apetito vandálico de la IA. Como avanzó este diario, empresas de este sector compran en todo el mundo cantidades ingentes de libros antiguos para entrenar sus modelos de IA, una vez se han zampado ya casi todos los datos que circulan por la red. Con el agravante de que los ejemplares son destruidos durante el escaneo.¿La alternativa? Comprar, comprar y comprar para proteger. La resistencia de Farenheit 451 de Bradbury rescataba los libros del fuego a base de memorizarlos, pero hablamos de una época (la novela es de 1953) en que los humanos aún no tenían el cerebro frito por el abuso de dispositivos digitales y podían retener información. Hoy ya solo memorizan los opositores y los actores de teatro. Por eso, una manera de preservar ese legado es comprar todos los libros posibles –de primera, segunda o tercera mano– y convertir las casas y las bibliotecas en espacios de resistencia . Eso sí, hasta que llame Anthropic a la puerta, que todo llegará, y haga una oferta irresistible por nuestras reliquias.La solución decorativaEl día 19, la célebre librería Strand de Nueva York celebra sus 99 años de vida. Hace un tiempo, durante una crisis que parecía amenazar su supervivencia, uno de sus responsables agradecía la aparición de un nuevo tipo de comprador: el nuevo rico que quiere decorar las paredes de su apartamento con metros y metros de libros antiguos, sin importarle un pimiento sus títulos o autores. Comparados con las voraces empresas de IA, estos clientes merecerían un premio del gremio. Al menos, preservan los libros que compran.Putin se apunta a la quemaLo que más preocupa de una guerra es, obviamente, la pérdida de vidas humanas. A continuación, podrían figurar –no necesariamente por este orden– las infraestructuras básicas o el patrimonio artístico. En este caso, hay que hablar también de los libros caídos en combate: según fuentes del ministerio de Cultura de Ucrania citadas por Pen Ukraine, solo en el verano de 2026 los ataques rusos han destruido más de 10 millones de ejemplares, lo que supone un tercio de la producción nacional. Muchos son libros de texto.Director adjunto de La Vanguardia. Escribe cada semana un artículo de opinión sobre cultura y ciudades. Novelista. Último libro: 'Siete días en la Riviera'
Propuesta de una ofensiva para salvar libros, por Miquel Molina
No es fácil practicar hoy la bibliofilia. Todo son trabas. De entrada, falla lo básico: el soporte para acumular libros en casa. ¿Alguien ha tenido que renovar hace poco sus estanterías? A esos muebles, en los comercios habituales los siguen llamando librerías, pero es obvio que...









