El primer pedido le pareció normal, el segundo ya le hizo sospechar. Marçal Font, propietario de la librería de viejo Fènix de Badalona, lleva semanas viendo cómo una misteriosa empresa canadiense le compra libros extraños: principalmente ejemplares en catalán que llevan años en su almacén, todos de no ficción y sin apenas salida comercial.
“Me pueden llegar siete pedidos seguidos del mismo comprador, con un minuto de diferencia entre ellos”, apunta este librero, que sospecha que quien hace las compras es un robot.
No es el único al que le ha ocurrido. Hay una veintena de librerías de viejo en España que también han vendido ejemplares a esta compañía desde finales de abril. Algunas incluso han recibido pedidos de más de mil libros, muchos de ellos descatalogados. Lo mismo está ocurriendo en tiendas de Alemania, EEUU, Nueva Zelanda, Australia…
Los libros elegidos van desde una edición sobre el mundo de los castellers en Granollers (Barcelona) en los años 70, hasta un manual técnico sobre cómo hacer vino, actas de congresos celebrados hace 50 años o dietarios de la Guerra Civil.
“De media suelen ser libros de unos cinco o diez euros, con poco valor”, apunta Font, “y muchos son prácticamente imposibles de encontrar”.














