OpiniónLa destrucción de libros debe analizarse desde una perspectiva ética, más cuando su fin es perfeccionar una plataforma que dice ayudar a la humanidad.DOCENTE UNIVERSITARIA10.08.2026 22:01 Actualizado: 10.08.2026 22:01 El lomo del libro antiguo se cortó de un tajo con la cuchilla afilada. Una vez separado del cuerpo, quedaron apenas las hojas, sueltas, desprovistas de su espina dorsal. Acto seguido, las hojas pasaron por un escáner y acabaron en un contenedor de basura gigantesco. Posteriormente, las hojas sueltas y el lomo fueron destruidos. El contenido del libro, ahora en formato digital, se agregó a una base de datos que nutre de conocimientos a una plataforma de inteligencia artificial.Empresas como Anthropic y Google fueron demandadas, pues habrían comprado, escaneado y destruido millones de libros a fin de aportar el contenido de estas obras a sus plataformas, Claude y Gemini. Muchos de estos libros, todos publicados antes de 2022, podrían corresponder a ediciones limitadas, libros incunables, que, al entrar a esa máquina destructora, desaparecerían para siempre.Imposible no asociar esta tendencia con narrativas distópicas como Fahrenheit 451 —donde los bomberos estaban encargados de quemar libros— o la escena de El quinto elemento en la que ese ser extraterrestre, Leeloo, devora siglos de información sobre la humanidad en un par de minutos.La destrucción masiva de libros debe analizarse desde una perspectiva ética, en especial cuando su fin es perfeccionar una plataforma digital que dice ayudar a la humanidad. La realidad es otra. No solo no digitalizan libros para ofrecerlos en bibliotecas de libre acceso, sino que es para que Claude o Gemini monopolicen el acceso al conocimiento.Son alarmantes el poder que están amasando estas plataformas y la cantidad de recursos intelectuales y naturales que están afectando a su paso. No solo preocupa la destrucción de millones de libros, sino la construcción irrestricta de centros de datos, con un nefasto impacto en el medio ambiente de las zonas afectadas. Estos hangares colosales de procesadores electrónicos usan millones de galones al día para enfriar sus servidores, afectando el acceso de esta agua potable en ciudades enteras.El peligro de la IA va más allá de ayudar a estudiantes de colegio a hacer trampa y se está convirtiendo en un motor que está destruyendoel medio ambiente, las libertades intelectuales y el pensamiento humano.También se ha registrado un aumento del costo del consumo eléctrico —algunos centros utilizan el equivalente a ciudades de medio millón de habitantes—; de la contaminación auditiva, y su aporte es nulo en términos de generación de empleo en las comunidades afectadas.Al impacto negativo en la producción intelectual humana y en los recursos naturales se suma el cuestionable apoyo irrestricto de gobiernos como el de Estados Unidos a estas plataformas. De hecho, empresas de inteligencia artificial como OpenAI —dueña de ChatGPT— cuentan con contratos multimillonarios con el Departamento de Defensa de ese país (200 millones de dólares) y su jefe corporativo, Greg Brockman, es el mayor donante del proyecto político de Donald Trump con 25 millones de dólares aportados al super PAC, Maga.Ese tipo de alianzas no es gratuito, en especial bajo un gobierno caracterizado por restringir in extremis la producción intelectual de los ciudadanos mientras da rienda suelta a estas plataformas generadoras de conocimiento. Vale preguntarse: ¿qué tipo de conocimiento genera? ¿A quién beneficia? Algunos hechos recientes ofrecen más preguntas que respuestas: en marzo de este año, OpenAI afirmó haber modificado su contrato con el Departamento de Defensa, pues sonaron alarmas de que el acuerdo, tal cual estaba delineado, podría permitir el acceso de ese departamento a información confidencial de ciudadanos. OpenAI, sin embargo, no hizo pública la versión final del mismo.El peligro de la inteligencia artificial va más allá de ayudar a estudiantes de colegio a hacer trampa y se está convirtiendo en un motor que está destruyendo el medio ambiente, las libertades intelectuales y el pensamiento humano. De nosotros depende que el conocimiento nos siga perteneciendo a nosotros en total libertad o que sea convertido en papel picado. Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. Mantente informado con lo que realmente te importa.EL TIEMPO GOOGLE NEWSSíguenos en GOOGLE NEWS. Mantente siempre actualizado con las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en Google News.EL TIEMPO WHATSAPPÚnete al canal de El Tiempo en WhatsApp para estar al día con las noticias más relevantes al momento.EL TIEMPO APPMantente informado con la app de EL TIEMPO. Recibe las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en tu dispositivo.SUSCRÍBETE AL DIGITALInformación confiable para ti. Suscríbete a EL TIEMPO y consulta de forma ilimitada nuestros contenidos periodísticos.
Un peligroso atajo
La destrucción de libros debe analizarse desde una perspectiva ética, más cuando su fin es perfeccionar una plataforma que dice ayudar a la humanidad.









