Actualizado S�bado,
septiembre
00:17Libros en las estanter�as, no en vertical sino en horizontal, para aprovechar el espacio; las baldas las ha combado el peso. Libros en la repisa de la chimenea, en un mueble que tapa la propia chimenea -por su fragilidad, preparado para no m�s que retratos de boda y figuritas de porcelana-, los unos contra los otros encima o bajo unos escabeles, contra la pared, con el parqu� como �nico soporte. Poco m�s de 50 metros cuadrados: los libros abarrotan el sal�n, o la habitaci�n que otro inquilino utilizar�a como un sal�n, y se extienden por la cocina y el ba�o, por un cuarto semejante a un despacho que en realidad debiera funcionar como dormitorio.Mendel Uminer -escritor, traductor del hebreo y editor de una revista literaria cuyo primer n�mero no se ha publicado a�n- defiende que los libros le permiten comprender la vida. De ah� que acumulara unos 10.000 vol�menes sobre religi�n e historia cultural, que durmiera -un colch�n m�nimo en el suelo: qu� error desperdiciar el hueco del canap�- entre cl�sicos de la novela.Al distinguir las ventanas cegadas por el papel, y calcular el almacenaje y el peligro de que ardiera, la administraci�n del edificio le notific� que le desahuciar�a si no rebajaba la cantidad de libros que hab�a conservado. Uminer se neg�, primero; cuando tom� conciencia de su desventaja legal, opt� por buscar otro apartamento. M�s grande, celebraba una amiga; con m�s sitio para m�s libros.Muchos medios replicaron sus fotograf�as rodeado por columnas de libros que lo superaban en altura, alguna caja vac�a de mudanza. Su relato coincidi� con el del acad�mico Christopher Fear, profesor de Pol�tica y Relaciones Internacionales en la Universidad de Hull, que comparti� en redes sociales las advertencias tras �una inspecci�n rutinaria de seguridad en el lugar de trabajo�. A�ad�a la imagen modest�sima de un anaquel con una docena de libros dispuestos en vertical, muy vividos, unos pocos en horizontal sobre los m�s gruesos, y un mensaje: �Acabo de recibir un correo electr�nico de un responsable administrativo de la universidad en el que se describe mi costumbre de guardar libros en las estanter�as de mi despacho como 'un almacenamiento innecesario de materiales combustibles'�.Para saber m�sFear omiti� si se trataba de una valoraci�n o de un aviso; ignoro si en este nuevo curso su oficina mantendr� el alt�simo riesgo de incendio por esos pocos vol�menes con los que preparar sus clases. Pero me llam� la atenci�n que el exceso de uno y la contenci�n de otro encontrasen su armon�a en la misma respuesta: el fuego.Mientras Uminer visitaba inmuebles dentro de su presupuesto, mientras un funcionario de Yorkshire informaba sobre las amenazas de la bibliograf�a, librer�as de viejo de todo el mundo recib�an pedidos de t�tulos editados hace 40, 50, 60 a�os. A Mar�al Font, de la librer�a F�nix, en Badalona, le desconcert� que se acumulasen en pocos minutos, sin un criterio aparente, sin importar el precio del env�o ni sus gastos, y que todos debieran remitirse al mismo almac�n.Aquella empresa compraba libros por cientos al anticuario Pieter de Vries, de Pa�ses Bajos, o a la librera Delfina Manor, en Australia, o se adelantaban en los expurgos de bibliotecas p�blicas —seg�n Charlie B. Decker, librero tambi�n, de Estados Unidos—; variaban los nombres, los lugares, no la metodolog�a ni la explicaci�n. Servir�n como alimento para la inteligencia artificial, que ya ha agotado todo el acceso libre en internet."Una m�quina escanea los libros sin cuidado -arranca el lomo, los deshoja- y luego se deshace de las pruebas"Proyecto Panam�, se llama: la adquisici�n -y destrucci�n- masiva de millones de libros f�sicos por parte de Anthropic para entrenar a su modelo Claude con rapidez y fiabilidad. Puesto que estos libros menos populares carecen de versi�n digital, y por lo tanto el texto resulta inaccesible de otra manera, una m�quina los escanea sin cuidado -arranca el lomo, los deshoja- y luego se deshace de las pruebas, para evitar los cargos por delito contra la propiedad intelectual.No se gu�an por temas o idiomas, a saber, sino por el n�mero consecutivo de ISBN -el documento de identidad de cada libro-, pero Font augura que el siguiente paso incluir� todo el conocimiento ajeno a esa clasificaci�n: publicaciones independientes, fanzines y libros ajenos a los metadatos, muchos generados en un contexto pol�tico muy concreto o con una vigencia hist�rica pareja -primera persona en singular, en plural: la de los colectivos-, sobre las que las m�quinas no distinguen. �No distinguen? Este acervo formar� parte de la propiedad de una empresa que comercializar� con �l -un monopolio, otro-, o que lo ocultar� si le conviene.Al escribir sobre el Proyecto Panam�, sus consecuencias inevitables y nuestra responsabilidad -no c�mo evitarlo, imposible, sino c�mo adelantarnos a lo que perderemos-, Charlie B. Decker alertaba de que �la biblioteca de Alejandr�a todav�a est� ardiendo�. En los prejuicios de los caseros del Upper East Side, del administrativo de Kingston upon Hull, asomaba tambi�n la profec�a: ve�an libros y ve�an el fuego.







