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AlephMolinos como este de “Libro al Viento” están girando cada vez más.

La mayoría de las veces, los libros nos esperan en quietos anaqueles empolvados, en libreras de maderas finas, en silenciosas bibliotecas, en una de las esquinas solas y olvidadas de nuestras casas, o en los estantes de librerías inolvidables de pueblos y ciudades, esos lugares que saben a paz y refugio. Pero, algunas veces, los libros también salen a buscar a la gente en la canasta de una bicicleta, en una caja rota, en la mochila que solo cargan los que llevan esperanza.

Esto sucede cuando los libros se impacientan y se acercan a la gente, buscando sus ojos. Algo como lo que está sucediendo ahora y hasta el 30 de mayo con la IV Edición de la feria del libro itinerante “Libro al Viento Suroccidente”, en Retalhuleu, impulsada por la Asociación Gremial de Editores de Guatemala, en alianza con el Ministerio de Cultura y Deportes. En una Guatemala donde uno de cada dos niños y niñas menores de 5 años sufren de desnutrición aguda y casi un 13 por ciento de la población aún no sabe leer ni escribir, esto sabe dulce. En una Guatemala donde millones nunca han tenido acceso al agua potable, a medicinas y muchos menos, a libros, esto es un acto de fe.