El cierre de Tipos Infames es solo un caso, entre otros por toda España, de negocios librescos obligados a cerrar o mudarse por la furia especulativa en los barrios que contribuyeron a poner de moda
Es muy celebrado el hecho de que el libro físico, el que se toca y que se huele, no se haya visto desplazado por el formato digital (como, ay, les pasó a los pobres discos…). Pero el libro físico pesa bastante y ocupa bastante espacio, y ese espacio donde se almacenan, exponen y venden los libros (se llaman librerías) cada vez requiere una mayor inversión, por la constante subida de los precios inmobiliarios, asociados muchas veces a procesos de gentrificación y turistificación. La fisionomía de las ciudades está cambiando (hay quien dice que la ciudad, tal y como la conocemos, está siendo destruida) y algunas librerías se ven arrolladas por el rodillo de este hipotético éxito urbano.
La librería Tipos Infames, ubicada en el corazón del madrileño barrio de Malasaña y epicentro de una intensa vida cultural, ha sido la última en anunciar su fin, un anuncio que esta semana cayó como una bomba termonuclear en los circuitos editoriales y lectores. “La gentrificación nos obliga a echar el cierre”, decía en un vídeo para redes sociales Alfonso Tordesillas, uno de los tres socios, junto con Gonzalo Queipo y Curro Llorca (ahora editor en Las Afueras), que fundaron la ya mítica librería 15 años atrás. Curiosamente, espacios culturales como librerías, salas de teatro alternativo o galerías de arte fueron señalados como expresión de la gentrificación de los barrios cuando, en torno a 2010, este fenómeno comenzó a recrudecerse en España y pasó a ser objeto de debate público y fuerte estudio académico.






