Con el cierre de la librería madrileña Tipos Infames nos roban la idea de que las librerías (y los libros) son algo más que un negocio
Cierra Tipos Infames, una librería de la calle de San Joaquín de Madrid, en el barrio de Malasaña. No sé si toda España la conoce, pero el hecho es que en cuanto Alfonso y Francisco, los libreros, soltaron la bomba en Instagram, la noticia local se convirtió en nacional. Solo su post tiene ya más de 4.000 comentarios. Lo sentimos por los Tipos pero también (¿puede que más?) por nosotros. Es un dolor íntimo y no lo provoca (desde luego no solo) el cierre de un negocio local. ¿Acaso fue Tipos Infames un negocio alguna vez? La sensación es que si Tipos Infames se ve obligada a cerrar es que nos borran definitivamente del mapa, que nos quitan lo que fue nuestro, empezando por la idea de que las librerías (y los libros) no son únicamente un negocio. Es el cierre de una librería, pero también el de un barrio y el de una ciudad, el de una forma de entender la cultura y los libros. Y da mucha pena.
Hace ya muchos años, cuando en las casas había más bolsas de plástico que tote bags, el trío fundacional de estos Tipos Infames (Alfonso Tordesillas y Gonzalo Queipo, junto a Francisco Llorca, hoy editor de Las Afueras) diseñó una bolsita de tela que decía “Perdimos nuestra juventud en Malasaña”. En la cara b se leía “Tipos Infames, libros y vinos”. Entonces quienes nos colgábamos la bolsa al hombro teníamos como 10 o 15 años menos, éramos jóvenes de verdad. Hoy la frase no suena a promesa sino a una sentencia. Y aquellos Tipos, como si cumplieran un riguroso contrato, se marchan. No podemos seguir perdiendo la juventud en Malasaña por la gentrificación, ya lo sabemos, pero también (y esto duele tanto o más) porque nuestra juventud ya la perdimos.






