El 31 de agosto es un día de intensa movilidad en la isla de Eivissa. Las vacaciones para algunos turistas se terminan mientras que para otros están a punto de empezar, lo que lleva aparejado un ajetreo de maletas que bajan y suben de las habitaciones de los hoteles, así como taxis que entran y salen del aeropuerto con más frecuencia. Esta circunstancia también se ve reflejada en algunas zonas turísticas, como el barrio de ses Figueretes. En apariencia están más vacías estos días, pero lo que se desprende de las cifras más actualizadas es un nuevo verano de récord en la llegada de visitantes, lo que está generado malestar entre los residentes y nuevas protestas en torno a la turistificación. “Mientras haya playa, el negocio irá bien”, resume el encargado de uno de los souvenirs de la zona.

Figueretes es un barrio con una de las tres playas urbanas del municipio de Eivissa, ciudad que ya tiene 56.549 personas empadronadas –según el Ayuntamiento–, lo que la convierte en la segunda con más habitantes, solo por detrás de Palma. Hace ya cuatro años que el paseo marítimo recibió una importante inversión: 4,3 millones de euros –casi 2,6 procedentes de la tasa turística– con el objetivo de priorizar la circulación peatonal y mejorar la conexión directa con la playa.