Una casa en ruinas, lista para su demolición. Paredes de adobe desvencijadas que entre grietas insinuaban las materias de sus entrañas. Cien años mínimo de antigüedad a juzgar por los cantos rodados que posiblemente fueron sacados del río de la Piedad que en otros siglos bañaba esa vecindad de la Ciudad de México. Un poco de techo aún en pie colonizado por una vegetación abigarrada. Un espacio listo para pasar al olvido y ostentar sobre sus cimientos una prístina construcción de cemento de cinco alturas. Ese lugar imposible tuvo otro destino: fue salvado por la dupla de arquitectos Isabel Abascal (Madrid, 1984) y Alessandro Arienzo (Ciudad de México, 1987), de Lanza Atelier, que vieron ahí, en ese vacío, la posibilidad de construir su casa en México.La hazaña de restaurar muros, de poner a dialogar alturas desiguales con nuevos cimientos, la fascinación por encontrar una secuencia entre espacios que a pesar de estar adentro parecía que te llevaban afuera no sería tan relevante de no ser porque, además de conseguir un recinto extraordinario, Isabel y Alessandro hicieron de ese experimento la materialización de su forma de ver la arquitectura. “Si uno como arquitecto se pone a trabajar en lo que importa, que es cómo la gente se relaciona, la actividad, la conectividad, los diálogos que surgen entre las personas y los espacios, resultan cosas muy bonitas. Cuando hacemos arquitectura ponemos en relación todo. Deja de ser entendida como una cosa meramente material”, explica Alessandro. Su casa de muros expuestos es una amalgama de los elementos que han hecho que Lanza llegue a escenarios emblemáticos de la arquitectura global, como la construcción este año de la versión 25 del Serpentine Pavilion, en el corazón del Hyde Park de Londres. Su devoción por la historia de los materiales y el estudio de las formas de construcción propia de los lugares tuvo cabida en la exploración de esa casa derrumbada que los llevó a conocer el adobe, a desentrañar muros masivos de tierra, a encontrarse con una materialidad que no conocían pero que fueron descubriendo. Asimismo, su apuesta para la construcción del Serpentine Pavilion partió de un estudio juicioso de los muros serpenteados (conocidos en inglés como crinkle crankle walls) tan propios de esa zona. “Es muy interesante que a veces cuando llegas con ojos frescos a un contexto que no conoces demasiado, te llaman la atención cosas que, a lo mejor, siendo de ese lugar das tan por sentado que ni siquiera les otorgas valor”, cuenta Isabel, que deja por unos minutos atrás su traje de arquitecta para vestirse inusitadamente de historiadora: “Los ingenieros holandeses, que tenían mucha práctica ganándole tierra al mar, comenzaron a trabajar con este tipo de muros. Los llamaban slangenmuur, ‘muro serpiente’ en holandés. Muchos de esos ingenieros que viajaban a la costa de Gran Bretaña, sobre todo a East Anglia y en particular al condado de Suffolk, importaron la técnica. Cuando en Inglaterra se instaura el impuesto sobre el ladrillo, el brick tax, para financiar la guerra, a la gente le cobran por el número de ladrillos que usa. Entonces intentan utilizar la menor cantidad de bloques posible. Y en un momento se dan cuenta de que un muro recto tiende a volcar y necesita al menos dos filas de ladrillos o que les pongan contrafuertes o columnas. Sin embargo, un muro que serpentea se vuelve muy estable por las ondas que hace. Y es muy impresionante que el muro que ondula use menos ladrillos que el que es recto. Cuando lo estudias como arquitecto, es algo casi de carácter poético”, concluye Isabel.Este hallazgo de una técnica tan local, cuyas ondulaciones llevaron también al piso del pabellón creando un dibujo de ladrillos que parecen oleajes, amplifica con fuerza una búsqueda que Lanza siempre ha hecho en sus proyectos, la de usar toda la geometría posible: parábolas, círculos y tipos de curvas para desafiar de alguna forma, o desprenderse al menos, de ese compromiso, tan de tradición mexicana, con la ortogonalidad, la línea recta, los ángulos perfectos y las esquinas. Alessandro reconoce que la pulsión que ha movilizado sus proyectos a explorar otras geometrías incluso va más allá: “Tratamos de separarnos de esa idea de ¿qué es lo que quiere el arquitecto? Sí, somos nosotros los que dibujamos y ejecutamos el proyecto, pero la pregunta que nos moviliza es más bien ¿qué necesita ser el proyecto? Es decir, cómo nos quitamos el fetiche, el capricho de querer lograr esa imagen preestablecida y en lugar de estar enfocados en cómo se va a ver, de qué va a ser y cómo se va a construir el proyecto, las preguntas que emergen son respecto al vacío, al espacio: ¿Qué actividades quieres que pasen? ¿Con qué te quieres conectar? ¿Cómo quieres que la gente lo entienda? Es otra capa y si no te quitas del camino esta primera parte tectónica, es muy difícil llegar a ella”.El efecto de sus construcciones es inesperado. Pareciera que por momentos su arquitectura fuera menos para los ojos que para los otros sentidos. Mientras en su casa, las texturas, las sinuosidades, las disonancias, las asperezas incitan una atmósfera vibrante, en el Serpentine Pavilion (que abrió en junio y podrá visitarse hasta el 25 de octubre) es recurrente ver a la gente recorriendo el recinto con su tacto. Como si tocándolo se les revelará algo más de su forma orgánica, como si las manos comprendieran mejor las ondulaciones que los ojos. “El momento en el que acabas y entregas la obra es un verdadero ejercicio de generosidad. Una obra no es tuya y justamente hay mucha alegría en que la gente se la apropie, que le sucedan cosas que uno no podía haber anticipado. Eso es muy bueno porque significa que está viva”, agrega el arquitecto.Viajar al arte para hacer arquitecturaEl lugar de experimentación y entrenamiento de Alessandro e Isabel no fue, como suele pasarle a muchos arquitectos, construyendo casas ambiciosas o grandes edificios, sino más bien creando espacios itinerantes, recintos móviles capaces de acoger obras de arte. Con la premisa de que la arquitectura nunca debería estar referenciándose a sí misma, han encontrado en el arte, en la museografía, un lugar más claro para entender estrategias y hacer subversiones técnicas. Han llegado a la ingeniería y a sus ideas para construir a través del arte, y este recorrido les ha ayudado justo a apartarse de su propio campo para, paradójicamente, ejercerlo con mayor libertad.“La relación con artistas contemporáneos, con curadores nos hace estar siempre despiertos y atentos. El mundo del arte llega a ser muy visionario, llega a anticipar muchas cosas que están por suceder. La arquitectura, en cambio, por su propia naturaleza a veces es un poco más anquilosada en cómo avanza. Entonces, el estar tan en contacto con el mundo del arte nos permite poder indagar constantemente en lo que está por venir”, explica Isabel.Lanza ha tenido también a su cargo la realización del pabellón nacional de Kosovo en la Bienal de Venecia de 2026. Kosovo no tiene un pabellón en los jardines, ni un espacio en el Arsenal, y en cada edición debe encontrar un espacio donde exponer. Lanza ayudó a pensar en dónde podía ser su exhibición. “Elegimos la iglesia Santa María del Pianto, que llevaba cerrada al público desde los años setenta. Una iglesia de planta octogonal, que va a quedar abierta al público una vez que la Bienal cierre”, cuenta Isabel, quien asegura que uno de los grandes retos del proyecto era no poder tocar la estructura, por ser una reliquia histórica. “Esto nos hizo tener que ser creativos en cómo exponer un mural de pinturas de 18 metros de largo”, añade Alessandro. Al final, de la mano del artista Brilant Milazimi y del curador José Esparza Chong Cuy, decidieron diseñar un conjunto de caballetes, paneles y bancos de madera. “El pabellón gira en torno a la idea de la espera, y lo que más llama la atención en la pintura mural es esa larguísima fila de personas que simplemente esperan. Queríamos que los caballetes y los bancos tuvieran también esa cualidad casi antropomórfica. Los bancos, por su parte, se doblan, se arrodillan, hacen una reverencia: es un guiño al mobiliario tradicional de las iglesias. Hay, entonces, muchas referencias clásicas, a la arquitectura eclesiástica, a la tradición cristiana, pero al mismo tiempo una dimensión muy contemporánea: la de cómo exponer una pintura mural tan desafiante en cuanto a escala y formato”, concluye Isabel.Los diálogos constantes con el arte, con la historia, con la indagación casi arqueológica de los materiales con los que se van topando en las diferentes geografías en las que trabajan se complementa con un quehacer sencillo que antecede cualquiera de sus proyectos: el dibujo. “En la oficina empezamos todos los proyectos igual. Todo se inicia con un dibujo del sitio en donde construiremos la pieza. Y no es dibujarlo en términos de calcar tal cual la figura, sino entendiendo, manipulando, decidiendo qué entra y qué no, de tal manera que construyes un nuevo lugar, y como son dibujos que se hacen a mano, se consigue un espacio muy vivo”, comenta Alessandro. En el caso del Serpentine Pavilion, el dibujo que emergió como fuente primera de inspiración fue a partir de la copa de los árboles del lugar, y no del perímetro de la banqueta. “Ese dibujo ya nos dio una figura mucho más comprimida y sugerente de poder usar todo el terreno, no nada más aterrizar una pieza en un espacio asignado”.Con ese entramado amplio de elementos, Lanza ha conseguido ser uno de los ganadores del premio Emerging Voices 2023, así como del Young Architects Prize 2017, que describió su trabajo multimodal como uno que “expresa una inventiva, una sensibilidad al contexto y un refinamiento compositivo que abarca muchas escalas y formas”. Así son los espacios que crean: múltiples. Así es la casa que habitan: una práctica hecha estructura que cumple con el propósito mayor de encontrar y contribuir a la belleza del mundo.
Lanza Atelier, arquitectos: “El momento en el que acabas y entregas la obra es un verdadero ejercicio de generosidad”
Isabel Abascal y Alessandro Arienzo, de Lanza Atelier, han encontrado en el arte y la historia de los materiales su forma de hacer arquitectura. Desde reconstruir una casa hecha ruinas en Ciudad de México hasta el Serpentine Pavilion de Londres







