Disparar contra el forastero pobre se ha convertido en una indigna caseta de tiro sobre la que Junts también quiere derechos de explotación
La crisis migratoria de Ceuta ha vuelto a abrir la caja de los truenos en la derecha nacionalista. Aprovechando la coyuntura y mientras la xenófoba Aliança Catalana aumenta expectativas, Junts volverá a presentar en el Congreso su propuesta para que la Generalitat tenga competencias en inmigración y ha renovado sus votos en esta materia exigiendo un plus de arraigo a los recién llegados si quieren gozar de las mismas ventajas que los ya felizmente arraigados. Como dijo hace unos días Salvador Vergés, portavoz de Junts en el Parlament, “si un niño está enfermo hay que curarlo”, pero el acceso a la vivienda u otras ayudas sociales “deben ser un premio por los deberes cumplidos”. “Si la persona recién llegada no muestra esta voluntad y capacidad de integración, estas prestaciones no deben estar a su alcance”, agregó Vergés.
O sea, el acceso a determinado tipo de ayuda no debe estar en función de la situación socioeconómica en que se halle la persona, o si está o no en posesión de un permiso de residencia y trabajo, sino que debe ser un “premio” a “su voluntad y capacidad de integración”. La postura de Junts no es nueva. Su oposición —junto al PP y Vox— al decreto de regularización de inmigrantes ya arrojaba algo de luz sobre cómo debía ser esa adhesión inquebrantable: votaron en contra por no exigir el conocimiento del catalán a quienes iban a regularizar su situación. Lo cierto es que el texto en cuestión no exigía el dominio de ninguna lengua —ni castellano, catalán, eusquera o gallego—, sino que se limitaba a dar el plazo de un año —hasta la primera renovación del permiso de residencia— para iniciarse en el aprendizaje de las lenguas oficiales de las distintas comunidades autónomas. Es decir, Junts se embozaba en la lengua para coincidir con lo que la ultraderecha y la derecha extrema exhiben a diario y sin complejos: el miedo al otro, a que la mítica gran sustitución acabe reemplazando a los “autóctonos” por los “forasteros”.












