"Invasores", "hay que cazarlos", "que no quede ni uno". Desde que tuvieron lugar las llegadas de personas migrantes a Ceuta, hace tres semanas, estas palabras se han repetido una y otra vez. Las hemos escuchado en tertulias de televisión, las hemos leído en redes sociales y han llegando incluso al discurso de políticos del PP y Vox.PublicidadLa crisis de Ceuta no solo ha puesto de manifiesto una emergencia humanitaria en la que han muerto 145 personas, sino también la forma en que se está construyendo el relato sobre quienes han logrado llegar a la ciudad autónoma. En algunos casos, ese lenguaje ha sido deshumanizador llegado a convertirse en un llamamiento directo a la violencia. El secretario general de Vox en el Congreso, José María Figaredo, llegó a afirmar que había que "cazar uno por uno" a los migrantes que habían entrado irregularmente en Ceuta. Sus palabras provocaron denuncias ante la Fiscalía, pero el diputado no ha dado marcha atrás y este miércoles insistía: "No me arrepiento ni me retracto de nada".En el PP, Alberto Núñez Feijóo insiste en calificar la llegada de migrantes como una "invasión ilegal" y ha reclamado el regreso a Marruecos de todas las personas que han llegado a Ceuta, incluidos los menores. Mientras, en las redes sociales, podemos encontrar fórmulas todavía más violentas, como "hijos de puta", "parásitos", "violadores", para referirse a las personas migrantes como una amenaza colectiva.Para los expertos consultados por Público, el problema no es que estos mensajes existan, sino el espacio que están consiguiendo ocupar dentro de la conversación pública.La comunicadora política Blanca Ibarra explica este proceso a través de la llamada ventana de Overton, el concepto que describe el rango de ideas y opiniones que el público considera aceptables en un momento dado. Todo lo que queda dentro de esta ventana puede debatirse sin que el emisor sea necesariamente tachado de extremo, mientras que lo que queda fuera se percibe como radical o impensable. Esa ventana, según la experta, se está desplazando en el debate sobre la migración e ideas que antes quedaban fuera de lo aceptable están empezando a encontrar espacio dentro del debate público.Publicidad"Históricamente teníamos una serie de temas que la sociedad consideraba tabú y otros derechos y temas intocables. La extrema derecha lleva muchísimos años trabajando progresivamente para desplazar esa ventana hacia discursos más ultras y racistas y al final, poquito a poco, va calando en la sociedad", explica.El proceso no consiste necesariamente en convencer a alguien de una idea de golpe, sino en hacer que deje de parecer algo extremo. Al repetir un discurso una y otra vez, lo que antes podía resultar inadmisible acaba entrando en la conversación y, con el tiempo, puede llegar a verse simplemente como "una opinión más".PublicidadPero, ¿por qué estos mensajes consiguen llegar a diferentes núcleos de la sociedad? Una de las claves, apunta Ibarra, está en que la extrema derecha juega con una de las emociones más básicas del ser humano: el miedo."En lugar de darle esperanza a la gente, intentan conscientemente que tenga miedo. Pero, en lugar de tener miedo a quien te da un salario mínimo, a quien no te permite optar a una casa porque decide no subirte el sueldo en los últimos diez años o a quien cada vez te explota más, hacen que busques un enemigo fácil que puede ser un migrante o tu propio vecino porque piense diferente a ti", apunta.La operación consiste, por tanto, en desplazar el origen del malestar. El miedo deja de dirigirse hacia problemas estructurales -la precariedad, los salarios, la vivienda o las dificultades económicas- y se concentra en un colectivo fácilmente identificable. En este caso, las personas migrantes.Además, recurrir a calificar estas llegadas como "invasión" refuerza todavía más esa construcción. No se trata simplemente de describir una llegada irregular, sino de presentar la situación como un escenario de amenaza en el que determinadas respuestas que antes parecían extremas en el imaginario colectivo pueden empezar a sonar razonables y encontrar un espacio dentro del debate público."Estos discursos son tan peligrosos porque atentan contra la dignidad humana, algo que no depende de dónde naces, la llevas intrínsecamente por ser humano, y la extrema derecha está intentando literalmente destruir eso”, sostiene Ibarra.Una radicalización que también puede traducirse en movilización y violencia. Este sábado, el grupo ultra Save Europe Act ha convocado en Barcelona una concentración para reivindicar la llamada "remigración", una propuesta vinculada al supremacismo blanco que reclama la repatriación de las personas migrantes. Estas movilizaciones ultras ya las hemos visto también en Ceuta, donde los primeros días se desplazaron hasta la ciudad miembros del grupo neonazi Núcleo Nacional y los agitadores ultras Vito Quiles y Alvise Pérez. Sin embargo, fueron recibidos con rechazo por parte de la población ceutí, que salió a la calle para protestar contra la instrumentalización de la crisis y el racismo.PublicidadPara el sociólogo Iago Moreno, esa respuesta de los ciudadanos fue clave para contener el intento de trasladar a la calle la violencia que ya circulaba en las redes. "La movilización social fue contundente y logró parar a los grupos de extrema derecha que intentaban trasladar la violencia digital a la violencia física. Aunque, teniendo un Gobierno democrático, esto deberían haberlo parado las autoridades", sostiene.Las redes como acelerador de la normalización ultraLas redes sociales desempeñan un papel fundamental en este proceso ya que permiten que un mensaje pueda pasar rápidamente de un grupo reducido de usuarios a miles de personas y, sobre todo, que permanezca circulando y repitiéndose. "Cuando consideran que han metido ya un tema en la agenda pública y lo han normalizado, irán a lo siguiente y cada vez serán postulados más radicales", explica Ibarra.En este proceso, X ocupa un lugar particular. El sociólogo Iago Moreno asegura que desde que Elon Musk compró Twitter, "X es un lugar donde el discurso violento se banaliza tanto contra los migrantes como contra el propio Gobierno español. La deshumanización, la bestialización, la apología de de la violencia y el genocidio, están muy presentes".PublicidadLos datos del Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia muestran que, en el segundo trimestre de 2025, X fue la plataforma que menos contenidos de odio retiró de las cuatro analizadas: eliminó solo el 6% de los mensajes que le fueron notificados, frente al 49% de TikTok, el 26% de Instagram y el 17% de Facebook. En el tercer trimestre, la tasa de retirada de X aumentó hasta el 10% y en el cuarto al 36%. Los principales discursos de odio que detectó el observatorio estaban dirigidos a las personas del norte de África y se apelaba a su deshumanización, se presentaban como una amenaza e incitaban a su expulsión.