La gravísima crisis desatada en Ceuta este verano supone ya un hito en el impacto de los movimientos migratorios sobre nuestra sociedad. Poco importa que las cifras actuales de llegada de inmigrantes ilegales estén por debajo de las de hace años o que la criminalidad en nuestro país sea menor que nunca. La llegada masiva de decenas de miles de personas en un solo día ha sido un shock traumático para nuestra sociedad.

Es absurdo tratar lo de Ceuta como un mero problema migratorio. Pero también lo es ignorar esa faceta de la cuestión. En la avalancha inicial influyeron, sin duda, diversos factores geopolíticos. Desde las reivindicaciones marroquíes hasta el deseo de hacer pagar al gobierno español su postura independiente respecto a Palestina y a Trump. Pero no habría sido posible sin decenas de miles de personas deseando emigrar a Europa para mejorar sus vidas.