El intestino y el cerebro mantienen una comunicación constante que puede verse influida por lo que una persona consume. El Dr. Luis Yépez Guerra, médico neurólogo especialista en epilepsia, explicó que esta conexión permite que las señales generadas en el intestino tengan efectos en el estado de ánimo, el estrés, la ansiedad e incluso en el desempeño de actividades cotidianas.El especialista señaló que ambos órganos mantienen una comunicación permanente mediante un nervio que conecta el cerebro con los diferentes órganos del cuerpo y permite enviar y recibir información. Cuando se consume un alimento que favorece la inflamación intestinal y altera la microbiota, pueden generarse señales que repercuten en el funcionamiento cerebral.Un ejemplo cotidiano ocurre después de consumir comidas con una alta cantidad de carbohidratos. Yépez explicó que puede aparecer sensación de lentitud, sueño o dificultad para concentrarse poco tiempo después de comer. “Lo que comemos hace un impacto en el momento y a largo plazo”, sostuvo, al señalar que el efecto de la alimentación no se limita a las horas posteriores a una comida.El impacto de la alimentación puede trascender la infanciaEl neurólogo destacó que algunos alimentos y hábitos alimentarios pueden favorecer la producción de sustancias que afectan al organismo y que, con el paso del tiempo, podrían relacionarse con procesos neurodegenerativos. Entre ellas mencionó la alfa-sinucleína, una proteína asociada con enfermedades como el Parkinson y que también ha sido estudiada en otros procesos neurodegenerativos.Por ello, consideró necesario inculcar desde la infancia hábitos de alimentación saludable. “La alimentación de hoy va a tener impacto mañana, pasado o en algunos años”, afirmó. Explicó que el cerebro infantil posee una gran plasticidad y continúa desarrollándose, por lo que los hábitos adquiridos durante esta etapa pueden acompañar la formación y el funcionamiento del organismo a futuro.Yépez también se refirió a la enfermedad de Parkinson y a las investigaciones que han analizado el papel del intestino en su desarrollo. Señaló que cuando aparecen signos clínicos como el temblor, la enfermedad no necesariamente comenzó en ese momento. Según explicó, para entonces ya se habría producido una pérdida importante de las neuronas encargadas de producir dopamina.En este contexto, mencionó el hallazgo de alfa-sinucleína en el intestino y su posible relación con procesos que posteriormente afectan al cerebro. Aunque se trata de un campo que continúa siendo estudiado, el especialista resaltó la importancia de considerar la salud intestinal dentro de una visión integral de la salud neurológica.Finalmente, Yépez destacó que el cuidado del organismo también debía incluir al músculo, al que denominó “el próximo tercer cerebro”. Mantener la masa y el tono muscular durante el mayor tiempo posible, explicó, permite contar con reservas que participan en procesos metabólicos importantes para el organismo.Su recomendación se centró en construir desde la infancia una cultura de alimentación saludable y actividad física. La relación entre intestino, cerebro y músculo, señaló, demuestra que los hábitos cotidianos pueden tener efectos que trascienden el presente y formar parte de la salud futura.