El intestino y el cerebro mantienen una comunicación constante que va mucho más allá de la digestión. Esta relación, conocida como eje intestino-cerebro, permite que ambos órganos intercambien información y respondan de manera conjunta ante diferentes estímulos. Por ello, lo que ocurre en el sistema digestivo puede tener repercusiones en el estado de ánimo, mientras que situaciones como el estrés y la ansiedad también pueden manifestarse a través de varias molestias intestinales.El neurólogo Luis Eduardo Yépez explica que las paredes del intestino cuentan con millones de terminaciones nerviosas vinculadas principalmente con el nervio neumogástrico, comúnmente llamado el nervio vago, una vía por la que fluye información entre el cerebro y el intestino de manera bidireccional. Esta comunicación interviene en procesos relacionados con el funcionamiento de ambos órganos y en la formación y regulación de neurotransmisores excitadores e inhibidores, los cuales son esenciales para mantener el equilibrio y funcionamiento adecuado de ambos órganos.Por ese motivo, una alteración en uno de estos sistemas puede repercutir en el otro. Estos problemas digestivos pueden acompañarse de diversos cambios en las emociones, mientras que durante los periodos de estrés o ansiedad, estos pueden repercutir en el cuerpo a través de dolor abdominal, diarrea e incluso dificultades en la absorción de nutrientes. Microbiota intestinal: qué alimentos la favorecen, cuáles pueden alterarla y cómo cuidarlaLa relación funciona en ambas direcciones y evidencia cómo el estado emocional y la salud intestinal están estrechamente vinculados.En cuanto a la regulación de sustancias relacionadas con el cerebro, como la serotonina y otros neurotransmisores, la microbiota intestinal cumple un papel importante. Los microorganismos que habitan el intestino producen sustancias químicas que pueden comunicarse con el cerebro y participar en la regulación del estado de ánimo, la inflamación y la respuesta del organismo frente al estrés. Yépez explica que la microbiota actúa como precursora de sustancias relacionadas con neurotransmisores asociados con la sensación de bienestar, y a la par, busca mantener un equilibrio con otros neurotransmisores vinculados con los sentimientos de recompensa y euforia. Cuando este equilibrio se altera, también puede verse afectado el bienestar emocional. De acuerdo con el especialista, las alteraciones del tracto digestivo pueden contribuir a estados de ánimo muy bajos, e incluso cuadros depresivos, debido a los cambios en sustancias como la serotonina y la dopamina, responsables de sentimientos o la sensación de bienestar. Si bien esto no significa que la microbiota sea la única responsable de estos trastornos, sí demuestra la importancia de considerar la salud intestinal dentro de una mirada integral del funcionamiento cerebral.Cómo cuidar la microbiota intestinal de los niños durante los primeros años de vidaAdemás, el estrés prolongado constituye otro punto de conexión. “Cuando el cerebro percibe una estimulación constante, este puede producir una cascada de neurotransmisores excitatorios que afecta algunas funciones cognitivas”, asevera el médico. Entre las afectaciones más sensibles, explica el especialista, están la atención y la memoria, por lo que periodos prolongados de estrés pueden terminar afectando la capacidad de concentración y el rendimiento cotidiano de una persona.Recomendaciones Fortalece tu microbiotaPara favorecer el equilibrio de la microbiota intestinal, es ideal integrar alimentos ricos en fibra y fermentados, además de incluir fuentes de nutrientes como magnesio, omega-3 y triptófano.Dieta para mejorar tu saludAlimentos como el salmón, espinacas, almendras, semillas de calabaza, yogur natural y chocolate amargo aportan nutrientes relacionados con el bienestar cerebral.Actividad físicaAdemás de una dieta adecuada, realizar actividad física de manera constante y una adecuada higiene del sueño permite cuidar la salud intestinal y cerebral del individuo. Cuidados desde la infanciaEl llevar a cabo cuidados de la microbiota desde los primeros tres años de vida son fundamentales, debido a que en este periodo las bacterias intestinales participan en procesos relacionados con el desarrollo cerebral, la respuesta al estrés y la estabilidad emocional futura. (I)
Intestino y cerebro: una conexión que influye en el desarrollo y las emociones
El neurólogo Luis Eduardo Yépez explica cómo la conexión entre el intestino y el cerebro se relaciona con el estrés, las emociones y el desarrollo cerebral.







