La comunicación constante, ida y vuelta, entre el cerebro y el intestino es objeto de estudio entre los médicos desde hace algunos años. Una comunicación que podría influir en el estado de ánimo, algo que puede resultar difícil de creer, pero que tiene una explicación científica.Mireia Illueca es una reconocida neurocirujana que trabaja en el servicio de neurología del hospital HM Nou Delfos y en Monarka Clinic, de Barcelona, España. Especialista en cirugía de columna mínimamente invasiva, microcirugía cerebral y neurocirugía oncológica y pediátrica, Illueca suele compartir consejos sobre salud en su cuenta de Instagram. En uno de esos videos explica cómo están relacionados el cerebro y el intestino y por qué esto influye más allá de la alimentación. En primer lugar dice que estas interferencias son una “buena noticia porque, a través de lo que comemos, de nuestra digestión y de lo que ocurre en nuestro intestino, podemos influir en nuestro estado de ánimo y optimizar el funcionamiento de nuestro cerebro”.La importancia de la serotoninaSegún distintos estudios las neuronas del intestino generan gran parte de un neurotransmisor llamado serotonina, que las neuronas utilizan para comunicarse entre sí en el sistema nervioso. Además, la serotonina está relacionada con la felicidad.Por eso, “cuando comemos comida basura o llevamos una alimentación poco cuidada y equilibrada, la serotonina disminuye su cantidad”. Ello puede afectar a "nuestro estado de ánimo y puede hacernos más propensos a sufrir de depresión”, dice Illueca.Esto lleva, lógicamente, a un buen hábito: llevar una alimentación equilibrada. Porque esto tendrá papel fundamental en la salud del intestino y también del cerebro. Según la neurocirujana, de esta manera, aportaremos los nutrientes necesarios para el correcto funcionamiento del sistema nervioso y la producción de serotonina.“Además de llevar una alimentación equilibrada, el ejercicio también puede beneficiar o empeorar el eje intestino–cerebro y hacer que la microbiota (los microorganismos presentes en el intestino) sea mucho más saludable”, concluye Illueca.En tanto, en el pódcast Y a una palabra, Illueca había establecido otra relación interesante entre el cerebro y la alimentación. El estrés crónico, aseguró, agranda la amígdala (responsable del miedo o las reacciones impulsivas) y esto hace que la mente esté más irritada.Para frenar al estrés, recomendó, además de dormir lo suficiente, reducir el tiempo de exposición frente a las pantallas, evitar los ultraprocesados y los picos constantes de glucosa porque, afirmó, el azúcar funciona como una “droga”. “Ofrece un subidón rápido, pero deja detrás una caída que empeora el cansancio”, afirmó.En el pódcast también dijo que muchas veces no sentimos hambre, sino otra cosa muy diferente. “Cuando medito y duermo bien, noto que tengo hambre, pero puedo preguntarme por qué. Muchas veces no es hambre, es agotamiento”. Por eso, para ella, descansar se convierte en una herramienta mucho más eficaz que cualquier dieta estricta.