Una revisión concluye que algunas terapias psicológicas pueden ser eficaces para tratar este trastorno digestivo que afecta al 5% de la población y merma profundamente la calidad de vida
El cerebro y el intestino están siempre en contacto, conversando constantemente a través de vías endocrinas, inmunes y neuronales que llevan y traen mensajes claves para la vida. Esa interconexión es fundamental para la salud y cuando algo falla ahí, pueden aparecer
O suscríbete para leer sin límites
o-delgado-que-causa-diarrea-e-hinchazon.html" data-link-track-dtm="">problemas y enfermedades. Como el síndrome de intestino irritable (SII), una compleja dolencia digestiva vinculada a distorsiones en esa red de comunicación. Este trastorno, que afecta al 5% de la población y merma profundamente la calidad de vida, se caracteriza por presentar frecuentemente dolor abdominal y alteración en las deposiciones, sea en forma de diarreas o estreñimiento.
Es una dolencia atravesada por el estigma. El del propio paciente, que ve su vida limitada por unos síntomas a menudo invalidantes, y también el de la comunidad médica, que no siempre acierta en las respuestas cuando los enfermos llaman a la puerta. El digestólogo Fermín Mearin, especialista en este síndrome, asegura que hay muchos mitos alrededor de este trastorno y avanza que, aunque “no tiene una curación definitiva, sí hay tratamientos”. Hay fármacos disponibles para mejorar los síntomas y también psicoterapia, aunque los resultados son desiguales. En este sentido, una revisión publicada este jueves en la revista The Lancet Gastroenterology & Hepatology, ha revelado que, en efecto, varias terapias psicológicas conductuales —sobre todo aquellas centradas en modificar patrones de conducta, cómo el cerebro procesa sensaciones intestinales y la respuesta al estrés— son eficaces para tratar el SII, aunque la evidencia es limitada en algunos casos y serán necesarios más ensayos para afinar los pacientes que más se beneficiarían.






