Actualizado 30/07/2026 - 07:08h.
Podemos engañar muy bien a nuestro cerebro y sentirnos mejor. Así de segura lo afirma Ana Ibáñez, una neurocientífica e ingeniera química española que ha estudiado la relación entre el rostro y la producción hormonal del cerebro.
La clave de esta frase está en la conexión única entre la cara y el cerebro, alfo que no se da en otras zonas del cuerpo. «Fijaos que todo el movimiento de nuestro rostro, el movimiento muscular, tiene una conexión directa con nuestro cerebro. El rostro es la única parte que comunica directo con el cerebro sin pasar por la médula espinal».
Conociendo esta realidad de nuestra anatomía, podemos aprender a utilizarla a nuestro favor, por ejemplo, para hacernos más alegres. Que nuestra sonrisa comunique alegría y que no sea sólo una apariencia.
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