Versátil, refrescante y repleto de posibilidades en la cocina, el calabacín es uno de los grandes protagonistas de la temporada estival. Aunque estamos acostumbrados a disfrutarlo en cremas, salteados o a la plancha, consumirlo crudo tras un breve marinado revela una textura crujiente y un sabor delicado capaz de transformar cualquier plato. Marinar esta hortaliza no solo es una técnica facilísima para potenciar su frescura sin encender los fogones, sino también la puerta de entrada a combinaciones ligeras, coloridas y repletas de matices.
Más allá de su flexibilidad culinaria, el calabacín destaca por ser una de las hortalizas con menor aporte calórico, aportando apenas 14 kcal por cada 100 gramos. Según los datos de la Fundación Española de la Nutrición (FEN), se trata de un alimento compuesto en más de un 96% por agua, lo que lo convierte en un aliado indispensable para mantener la hidratación en los días más calurosos. Aunque aporta cantidades moderadas de fibra, destaca de forma especial su contenido en mucílagos y su notable aporte de vitamina C. De hecho, una sola ración de 200 gramos de calabacín llega a cubrir el 74% de las ingestas diarias recomendadas de esta vitamina, convirtiéndolo en un bocado tan saludable como refrescante.








